
Relojes y coches de lujo. De la muñeca al salpicadero.
El mundo de la alta horología despierta alabanzas y animadversión a partes iguales. Un sentimiento ambivalente que genera discrepancias entre defensores de la innovación técnica y detractores de precios astronómicos. No es algo exclusivo del sector relojero, sino que encuentra su equivalente en el mundo del automovilismo de lujo.
En este artículo reflexionaremos sobre el nexo que los une, dejando de lado su vínculo en la competición. Nos centraremos únicamente en la creciente tendencia de integrar piezas de alta relojería en los coches más exclusivos del mundo.
Origen. De la aguja al pixel.
El continuo desarrollo del automóvil a principios del siglo XX satisfizo y creó necesidades a partes iguales. Entre ellas, la de consultar la hora mientras se conducía. Por ello, en la década de 1910, marcas como Heuer adaptaron cronómetros de aviación y relojes de bolsillo a los primeros paneles de automóviles.
Sus movimientos de cuerda manual adolecían de imprecisión debido a las vibraciones del terreno. Este problema comenzó a corregirse entre los años 50 y 60, cuando empezaron a integrarse eléctricamente con movimientos de cuarzo, lo que redujo costes y mejoró la precisión, favoreciendo su popularización a partir de los años 70.
En la actualidad, los salpicaderos están dominados por la tecnología, y las superficies tradicionales han sido sustituidas progresivamente por pantallas digitales. Estas interfaces cumplen sin dificultad funciones básicas como mostrar la hora, lo que ha desvirtuado en parte el sentido original de estas piezas.
Sin embargo, marcas de lujo como Bentley, Mercedes-Benz o Porsche se mantienen como adalides de una tradición más artesanal e histórica que funcional. Surge así la pregunta: ¿siguen teniendo sentido o son simplemente un símbolo de lujo desmedido?
Bugatti F.K.P. Hommage. El último integrante.
La última creación de la marca francesa encabeza este particular triunvirato. Su reedición del Bugatti Veyron conmemora los 20 años de un modelo icónico. Para ello, el Hommage rinde tributo con un Audemars Piguet Royal Oak Tourbillon personalizado. A simple vista, no difiere en exceso de la versión tradicional con brazalete: mantiene el diseño octogonal y una esfera con degradado ahumado que transita del negro al rojo burdeos.
Sin embargo, la verdadera magia reside en su movimiento y en el tourbillon que preside el dial. Paradójicamente, esta complicación tiene más sentido en el coche que en la muñeca. Inventado en el siglo XIX para compensar errores de posición en relojes de bolsillo, comparte problemática con el entorno del salpicadero. Además, este ejemplar se mantiene activo mecánicamente gracias a un sistema de rotación integrado en el propio vehículo, lo que aumenta su eficacia.
Rolls-Royce Droptail. El high-end relojero y automovilístico.
Si el Bugatti es una pieza única, el Rolls-Royce Droptail no se queda atrás. Con un valor estimado entre 25 y 30 millones de euros, destaca por su carrocería inspirada en embarcaciones de lujo. Pero lo más espectacular se encuentra en su interior. Por un lado, el Amethyst Droptail, con un reloj de Vacheron Constantin. Por otro lado, el La Rose Noire Droptail, con una pieza de Audemars Piguet. Mismo coche, dos interpretaciones relojeras radicalmente distintas.
Vacheron Constantin Les Cabinotiers Armillary Tourbillon
Vacheron no diseñaba un reloj para automóvil desde 1928. En 2023 regresó con una pieza que rezuma elegancia y sofisticación. A diferencia del caso anterior, no se trata de una adaptación de un reloj de muñeca, sino de una pieza concebida desde cero para integrarse con armonía en el salpicadero.
Lo más destacado es su lectura: incorpora un sistema de horas y minutos retrógrados, donde las agujas recorren únicamente 180º, evocando un velocímetro. A ello se suma un nivel de acabados exquisito: dial esqueletizado, patrones guilloché en forma de rayos de Sol y tonalidades púrpura a juego con la carrocería. Una pieza perfectamente alineada con la filosofía del vehículo.
Audemars Piguet Royal Oak Concept Split-Seconds Chronograph GMT
Tras el listón marcado por Vacheron, Audemars Piguet no decepciona. A diferencia de su colaboración con Bugatti, esta pieza resulta más coherente con el vehículo en el que se integra. No es una reinterpretación, sino una creación única dentro de la colección Concept. Fabricada en titanio, incorpora complicaciones de alto nivel: cronógrafo rattrapante (split-seconds), segundo huso horario (GMT), gran fecha y amplia reserva de marcha.
Además, incluye un mecanismo que permite ocultar el reloj tras una compuerta decorada con una rosa grabada, en honor al modelo del coche. Un detalle que refuerza la idea del reloj como objeto casi ceremonial.
La opinión de Ismael (@itscrownguard)
En conjunto, estas piezas son reflejo de un mundo que roza lo dadaísta: buscan lo absurdo como forma de provocar y destacar desde la excentricidad. Representan la opulencia de ambos universos. No es algo que consuma directamente, pero sí me considero un aficionado externo. Esta simbiosis me genera una sensación ambivalente difícil de reconciliar.
Desde un punto de vista práctico, como conductor habitual, considero que carece de sentido funcional. Consultar la hora al volante debe resolverse de forma rápida y legible. Aunque estos relojes tienen buen tamaño, su lectura resulta poco inmediata a cierta distancia.
Sin embargo, desde una perspectiva estética, son absolutamente sublimes. Especialmente en el caso de Rolls-Royce, donde la integración resulta impecable. El diseño de Bugatti, en cambio, me parece menos original y ambicioso. En cualquier caso, los tres comparten el mismo dilema.
Probablemente, la virtud esté en el término medio. Para el propietario de estos vehículos, el verdadero plot twist sería poder extraer el reloj del salpicadero y llevarlo en la muñeca con una correa o brazalete. Entiendo que hablamos de un segmento donde la exclusividad prima sobre la practicidad. Pero admitámoslo: sería una característica digna del mismísimo James Bond. Licencia para lucir.

Ismael (@itscrownguard)
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!



























