
El Patek Philippe de Puyi. El reloj que sobrevivió al último emperador chino.
La relojería está repleta de piezas extraordinarias. Algunas destacan por su complejidad técnica, su diseño o su rareza. Generalmente, la mayoría se conciben con un propósito claro; sin embargo, por azares del destino, solo algunas logran destacar por la historia que cuentan.
Este artículo versa sobre el Patek Philippe que perteneció a Puyi, el último emperador de China. Un reloj que reúne todas esas características, pero cuyo legado trasciende lo meramente relojero para adentrarse en la historia.
Puyi. El emperador sin imperio.
Antes de analizar la pieza, conviene remontarse más de un siglo atrás para comprender el vínculo con su propietario.
En 1908, la célebre Ciudad Prohibida de Pekín fue escenario de uno de los momentos más decisivos de su historia. Tras la muerte del emperador Guangxu, fue necesario nombrar un sucesor, y un niño de apenas dos años fue elegido para ocupar el trono. Su nombre era Aisin-Gioro Puyi, último descendiente de la dinastía Qing, lo que acabaría simbolizando también el punto final de la China imperial.
Puyi heredó un imperio profundamente debilitado. Desde el siglo XIX, China había sufrido una fuerte presión de las potencias occidentales durante la etapa del imperialismo, acumulando derrotas y humillaciones, como las derivadas de las Guerras del Opio (1839-1860). Cada uno de estos conflictos evidenció la debilidad estructural del sistema político chino, circunstancia que acabaría desembocando en la Revolución Xinhai de 1911. Este movimiento revolucionario puso fin a más de dos mil años de monarquía imperial en China y obligó a Puyi a abdicar en 1912.
Durante años permaneció en la Ciudad Prohibida, convertido en una figura casi ceremonial, atrapada entre el pasado imperial y un futuro incierto. Sin embargo, la joven república china tampoco logró estabilizar el país. Diversos señores de la guerra protagonizaron un golpe militar que en 1924 expulsó definitivamente a Puyi del palacio, obligándolo a trasladarse a una concesión japonesa en Tianjin.
Posteriormente, en 1931, Japón invadió Manchuria, donde creó el estado satélite de Manchukuo. Con el objetivo de legitimar su dominio ante la población local, los japoneses recurrieron a Puyi, proclamándolo emperador en 1934. Aparentemente era un monarca legítimo; en la práctica, una figura completamente subordinada a los intereses japoneses.
Sin embargo, su nueva posición lo acercó a ciertas costumbres y lujos occidentales, entre ellos la relojería. Según los archivos conocidos, el minorista Guillermin adquirió la pieza en 1937, suministrándola posteriormente al distribuidor Sennet Frères, quien finalmente se la vendió a Puyi.
Patek Philippe 96 Quantième Lune. La rareza del aburrimiento.
¿Por qué es único?
Con semejantes antecedentes históricos, resulta difícil encontrar una pieza capaz de estar a la altura de la historia que la acompaña. Sin embargo, Patek Philippe rara vez decepciona. En 1932 introdujo el que muchos consideran el reloj de vestir por excelencia: el Calatrava Referencia 96.
Inspirado en los principios funcionalistas de la escuela Bauhaus, el diseño combinaba sobriedad y elegancia con una claridad estética extraordinaria. Su caja de platino de 30 milímetros lo convertía en un reloj discreto y sofisticado a la vez. Sin embargo, bajo esa apariencia minimalista se ocultaba un detalle muy particular que lo convirtió en una auténtica rareza dentro de la línea Calatrava: un calendario completo acompañado de fase lunar. Por este motivo, este modelo recibe el apodo de “Quantième Lune”, literalmente “fecha lunar”.
La esfera presenta un diseño singular basado en tres círculos concéntricos que organizan toda la información. Esta estructura genera profundidad visual y facilita una lectura intuitiva, reforzada por la alternancia bícroma entre blanco y naranja. En cierto modo, puede considerarse un curioso precursor de los relojes “tuxedo” que se popularizarían en los años cuarenta.
El primer anillo, el más exterior, está dedicado a la indicación del día del mes, señalada mediante una aguja azul central. En relojería, esta complicación se conoce como “Pointer Date” o fecha por aguja. El anillo intermedio muestra horas y minutos mediante números arábigos negros, una elección especialmente acertada por su gran legibilidad, reforzada por el tono salmón del dial y las agujas tipo flor.
¿La pátina imperial?
Sin embargo, el tercer círculo, el más interior, es el verdadero protagonista. Mantiene un fondo blanco que equilibra visualmente un dial repleto de información. En la parte inferior encontramos una subesfera a las seis que actúa como segundero, aportando el clásico toque de elegancia. En el centro aparecen dos ventanas que indican el día de la semana y el mes, y sobre ellas se sitúa la firma de la marca, que introduce finalmente la ventana de fase lunar.
Más allá de su diseño refinado, existe un detalle que llama poderosamente la atención. La mitad inferior del anillo blanco interior presenta un oscurecimiento irregular que contrasta con el resto del dial. Lejos de ser una simple pátina del tiempo, este rasgo tiene una historia singular. Según diversos testimonios, Puyi, durante una tarde de aburrimiento, ordenó a uno de sus sirvientes que rayara el dial para comprobar si realmente era de platino. El resultado reveló que en realidad estaba fabricado en latón, dejando una marca permanente. Una cicatriz irreparable, pero que hoy constituye uno de los rasgos históricos más fascinantes de la pieza.
Cuando el tiempo se detuvo. El nuevo heredero.
En agosto de 1945, el curso de la historia cambió drásticamente. Las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki precipitaron la derrota japonesa y, con ello, la desaparición del estado de Manchukuo. Puyi intentó huir a Japón, pero fue capturado por el Ejército Rojo soviético en el aeropuerto de Mukden. Junto con otros miembros de su gobierno, fue trasladado a centros de reclusión en Siberia y el Lejano Oriente ruso. Fue en ese contexto cuando el emperador se separó de su Patek Philippe, que quedó bajo la custodia de su sobrino Yuyan durante los años de cautiverio.
En ese entorno austero surgió una figura clave para su vida y para la historia del reloj: Georgy Permyakov. Este actuaba como intérprete entre Puyi y las autoridades soviéticas. Con el tiempo, y pese a las enormes diferencias culturales, ambos desarrollaron una relación personal inesperadamente cercana. Pasaban largas horas conversando sobre historia, política y cultura china. Permyakov se convirtió así no solo en su traductor, sino en un verdadero apoyo durante los años de cautiverio.
En 1950, las autoridades soviéticas decidieron repatriar a Puyi a la recién fundada República Popular China. Consciente de que probablemente no volvería a ver a su amigo, el emperador recuperó sus pertenencias y pidió a su sobrino que le devolviera el reloj.
Entonces ocurrió algo inesperado: Puyi decidió regalárselo a Permyakov. El gesto fue sencillo, pero profundamente simbólico. Aquel reloj había acompañado al emperador durante algunos de los momentos más difíciles de su vida, pero el valor de la amistad que había encontrado superaba cualquier objeto material.
Del regalo al presente.
Permyakov conservó el reloj durante décadas. No era un coleccionista ni un experto en relojería; simplemente lo guardó como un recuerdo personal de una etapa extraordinaria de su vida. Así, la pieza permaneció lejos del mercado y del coleccionismo durante muchos años, dentro de su familia.
El reloj reapareció públicamente en 2001, cuando el periodista Russell Working conoció a Permyakov, ya con 83 años. Fue entonces cuando el antiguo intérprete relató su relación con Puyi, mostrando fotografías y diversos objetos personales del emperador. Entre ellos se encontraban un abanico rojo con una inscripción, un cuaderno autobiográfico y, por supuesto, el Patek Philippe que hoy nos ocupa.
La última gran aparición pública del reloj tuvo lugar en Hong Kong el 23 de mayo de 2023, cuando fue subastado por Philipps. El Patek Philippe Calatrava Ref. 96 Quantième Lune es extraordinariamente raro: solo se conocen ocho ejemplares. En 1990, uno alcanzó 1,1 millones de dólares. En 2003, otro superó los 2 millones. Por ello, el reloj asociado a Puyi se estimó inicialmente en más de 3 millones de dólares. Sin embargo, el resultado superó todas las expectativas: la pieza alcanzó los 6,23 millones de dólares tras el martillazo final.
La opinión de Ismael (@itscrownguard)
La relojería suele contar historias de progreso técnico: precisión, acabados o complicaciones cada vez más sofisticadas. Sin embargo, en ocasiones aparecen piezas cuya importancia trasciende lo técnico.
El Patek Philippe de Puyi es uno de esos casos. Un reloj que conecta pasado y presente, y que guarda una historia tan insólita como profundamente humana. Porque, al final, el valor de un reloj no reside únicamente en su precio o en su mecánica, sino en las vidas que lo han acompañado. Una idea que resume perfectamente el célebre lema de la marca: “Nunca posees un Patek Philippe. Simplemente lo cuidas para la próxima generación”.
Especificaciones Técnicas

Ismael (@itscrownguard)
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!
















