
Montblanc Star Legacy Exo Tourbillon. El tourbillon barroco.
Existen relojes cuyo diseño se concibe desde el principio para homenajear a grandes figuras históricas, obras o periodos artísticos. Otros deciden seguir su propio camino, implementando la innovación técnica más compleja desde un gusto exquisito por los detalles artesanales. Parece ser que el nuevo Montblanc Star Legacy busca reinar en todos estos ámbitos, nada más y nada menos que con un exclusivo tourbillon inspirado en el monarca Luis XV de Francia y en el Palacio de Versalles.
Luis XV de Francia. La corona del bals.
Es conocido por todos el lujo y la opulencia franceses desde tiempos inmemoriales, especialmente durante la época del Barroco y el reinado del Rey Sol, Luis XIV. No obstante fue su bisnieto, Luis XV, quien pasaría a la historia durante los más de cincuenta años que reinó en Francia. El cuestionablemente apodado como «el Bienamado» experimentó un arco progresivo de impopularidad a raíz de derrotas militares, como la sufrida en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), que marcarían el inicio de la decadencia nacional previa a la Revolución francesa. Su célebre frase, «Después de mí, el diluvio», atestiguó el desastre venidero.
Sin embargo, su reinado se fraguó en pleno contexto de la Ilustración, por lo que, junto a la figura de Madame de Pompadour, se declaró benefactor del desarrollo artístico y cultural, llegando incluso a la creación del “Bals des Ifs” (baile de máscaras), que rememora este Montblanc. Celebrado en la Sala de los Espejos del Palacio de Versalles durante la noche del 25 al 26 de febrero de 1745, conmemoró el enlace entre su hijo Luis y María Teresa Rafaela de España. Más allá del espectáculo de la velada, su importancia reside en que Luis XV asistió disfrazado de tejo junto a otros cortesanos, lo que le permitió ocultar su identidad y camuflarse entre ellos. Un gesto tan inusual como simbólico, al que este reloj rinde homenaje.
El tourbillon de la realeza
Partiendo de esta premisa, el listón se ha fijado en lo más alto al rendir tributo a la realeza francesa y a uno de sus pasatiempos más íntimos y refinados. Sin embargo, Montblanc ha cumplido las expectativas con creces mediante una ejecución brillante, plagada de buen gusto.
Desde un punto de vista técnico, el nuevo Montblanc Star Legacy monta un calibre MB M16.68, un movimiento manufactura de cuerda manual que ofrece aproximadamente 50 horas de reserva de marcha. No obstante, el componente más visible y característico, que orquesta el diseño del resto de la esfera, es lo que la marca ha denominado “Suspended Exo Tourbillon”. Colocado sobre un brazo que actúa como soporte, parece flotar sobre la esfera, otorgándole un efecto tridimensional hipnótico. El volante presenta un tamaño superior a lo habitual, lo que mejora la estabilidad y la precisión de la pieza.
¿Lo más espectacular? El tourbillon rota por completo en un minuto, por lo que hace las veces de segundero. De este modo, el dial adquiere una lectura muy visual y contemporánea, reinterpretando la tradición relojera desde un enfoque tan pragmático como refinado. Todo ello se acompaña de la flor de lis, símbolo de la realeza francesa desde la Edad Media, que rodea el tourbillon, así como de la inscripción “Minerva” en el propio brazo, un detalle que se explica a continuación.
Rococó en tu muñeca. El gusto por los detalles
Si el apartado técnico ya impresiona, el diseño de este reloj no se queda atrás. Su caja de oro blanco de 18 quilates, cubierta de esmalte negro y pan de oro, no solo alberga los diferentes elementos del reloj, sino que se ha concebido como un auténtico lienzo que glorifica la figura de Luis XV. Mediante un excelso trabajo de orfebrería, su bisel presenta una corona de laurel grabada que eleva su reinado hasta equipararlo con el de los grandes emperadores y césares romanos.
Sin embargo, lo más espectacular reside en el significado iconográfico de su lateral izquierdo, opuesto a la elegante corona ubicada a las tres, con acabado rayado y rematada con un diamante. En él se representan las puertas de Jano, un símbolo procedente de la Roma clásica que indicaba el cierre de las ciudades en tiempos de paz. Este clima de estabilidad, comparado con el reinado de Luis XV, se refuerza con la figura de Minerva y Apolo. La primera actúa como alegoría de la sabiduría, la razón y la prudencia en el gobierno, aunque también de la guerra cuando resulta necesaria. La segunda refuerza la prosperidad a través del comercio y la comunicación. En conjunto, el diseño legitima y eleva la monarquía francesa, equiparándola a los herederos del buen gobierno de la Antigüedad clásica, en una dimensión casi atemporal.
En su cara frontal encontramos una esfera tan clara como compleja, tan recargada como elegante, dominada por un fondo que emula la citada Galería de los Espejos del Palacio de Versalles. La escena arquitectónica está presidida por varios arcos modelados en mármol de Sarrancolín, extraído de los Pirineos, y asentados sobre pilastras realizadas en cacholong, un tipo de piedra preciosa de color blanco. El conjunto se completa con roble miniaturizado que recrea el pavimento de la sala y, especialmente, con zafiros que evocan las lámparas de cristal suspendidas del techo.
Con permiso de ese marco arquitectónico y del tourbillon, anteriormente comentados, la esfera se completa con una subesfera en esmalte champlevé, técnica de esmaltado utilizada en las artes decorativas, que muestra las horas y los minutos mediante numerales clásicos y sofisticados. En el centro de la subesfera destacan dos agujas de estilo barroco terminadas en oro amarillo, junto a la presencia de una cabeza de Apolo, alegoría del mencionado Rey Sol, Luis XIV. De este modo, se personaliza aún más la pieza y se demuestra que los pequeños detalles marcan la diferencia.
Versalles en miniatura. Una caja digna de exposición
Seamos sinceros, generalmente las cajas de los relojes solo sirven para endulzar el primer contacto del consumidor cuando adquiere una nueva pieza. Los coleccionistas tendemos a conservarlas por un doble motivo: rememorar esa primera experiencia con el reloj, algo poco habitual, o ante la eventualidad de venderlo pasados unos años, mucho más común. Sin embargo, la caja de este Montblanc Star Legacy no merece ser almacenada en una estantería mientras adquiere su propia pátina, sino que alcanza la categoría de objeto digno de exposición.
Se trata de un pequeño cofre de madera diseñado por el maestro ebanista Elie Bleu. Inspirado en el rococó francés, más allá de la filigrana de sus asas, la caja representa la Galería de los Espejos de Versalles durante el baile de máscaras, especialmente a través de su grabado exterior. Para rizar el rizo, la singularidad de este ejemplar reside en que también funciona como caja de música. Al accionar el mecanismo, el reloj gira sobre su propio eje mientras suena una composición de Jean-Philippe Rameau, que recrea la supuesta melodía del baile de máscaras.
Sin duda, una experiencia sensorial que va mucho más allá del goce tradicional de recibir y estrenar un nuevo reloj. Una conjunción entre música y arte que probablemente sea lo más cercano a experimentar el síndrome de Stendhal, reacción psicosomática intensa ante la belleza extrema del arte o la naturaleza en el ámbito de la relojería.
La opinión de Ismael (@itscrownguard)
En los últimos años, el mundo de la relojería se ha llevado las manos a la cabeza con modelos exóticos de marcas como Richard Mille o Jacob & Co. Ejemplos como el RM 59-01 de Yohan Blake, por citar uno, responden a un diseño funcional para el usuario que lo porta en su muñeca. Sin menospreciar su trabajo —considero muy meritoria la ingeniería que hay detrás, los concibo como piezas espectaculares en lo técnico, pero torpemente ejecutadas. Llaman mucho la atención, sí, pero realmente no cuentan nada a nivel estético.
Este Montblanc recoge toda esa innovación, pero la encumbra mediante un gusto exquisito por los detalles artesanales, de modo que no es solo una delicia técnica, sino también visual e incluso auditiva. Su tourbillon suspendido es la punta del iceberg de una pieza que rinde homenaje a Luis XV, una de las figuras más trascendentales de la historia francesa. Por consiguiente, se crea una simbiosis artística y relojera que, a mi juicio, justifica cada uno de los 259.000 € de su precio de salida. Eso sí, con una producción limitada a tan solo ocho unidades. Sin duda, una pieza que no es solo un reloj, sino una obra de arte destinada a revalorizarse con el tiempo.
Especificaciones Técnicas

Ismael (@itscrownguard)
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!



















