
Relojes eróticos. La mecánica del deseo
Desde sus orígenes, la relojería ha sabido conjugar ciencia y artesanía a través del hilo conductor de la innovación y la transgresión. Si bien los relojes han logrado emanciparse de lo puramente técnico, como objetos culturales no han conseguido escapar de uno de los siete pecados capitales: la lujuria. Este artículo propone un recorrido que conecta el decoro con lo erótico, atravesando distintos estadios de lo sensual que, en cualquier caso, exudan pecado.
Erotismo oculto. El destape llega a la horología.
La sexualidad alcanza la categoría de tabú en determinadas culturas, países o religiones. Por este motivo, algunas casas relojeras han optado por diseños deliberadamente discretos, en los que la escena erótica solo se revela cuando el portador decide accionar un mecanismo concreto. En estos casos, el erotismo se convierte en algo subjetivo, dinámico y lúdico, con un marcado componente voyeurista.
Bajo esta premisa, varias marcas han sabido plasmar su identidad dentro de esta tipología. Es el caso de Perrelet, firma reconocida por el uso de turbinas en sus esferas. Modelos como el Turbine Erotic (ref.A4062/S2) utilizan este elemento a modo de biombo, ocultando una escena de hentai —contenido sexual explícito procedente del anime, el manga o el videojuego japonés—.
Si hablamos de giros, Richard Mille merece un espacio propio con su RM 69 Érotique Tourbillon. Una pieza que reinterpreta los tradicionales dados sexuales desde una óptica contemporánea, tan imaginativa como opulenta. Al accionar el pulsador, se activa una complicación que combina de forma aleatoria distintas palabras, invitando al usuario a construir su propia fantasía.
Quizá resulte sorprendente, pero la sofisticada Jaeger-LeCoultre también se inscribe dentro de esta categoría, sin renunciar a su elegancia inherente. El Reverso à Éclipses (ref. 246.2.79) incorpora un sistema de lamas móviles que, al plegarse progresivamente, descubren una escena pintada a mano. Una imagen que contrasta con el clasicismo que define a la manufactura.
Sin embargo, no todas las casas apuestan por ese perfil bajo. Jacob & Co. concibe la relojería desde la extravagancia mediante un dogma: nunca hay suficientes diamantes. Modelos como el Calígula (ref. CL100.30.RD.AB.A) o el Rasputín (ref. CT200.30.BD.UC.A) exhiben escenas aún más llamativas que los propios diales. Representaciones explícitas del libertinaje asociado a ciertas figuras históricas.
Por último, propuestas como el Svend Andersen Eros 69 interpretan con especial acierto el concepto de la lujuria en el ser humano. Su anverso transmite serenidad mediante esferas sobrias, agujas afiladas y numerales romanos. El reverso, en cambio, revela los instintos más primarios que se ocultan bajo esa apariencia contenida. Un ejercicio de bipolaridad entre decoro exterior y pasión interior.
Erotismo pintado. El arte de lo explícito.
Abandonamos el terreno del recato para adentrarnos en un lenguaje más directo. Desde una perspectiva casi antropológica, algunas marcas entienden la esfera como el soporte ideal para la representación del cuerpo humano al natural. Sin velos ni artificios, estas piezas celebran la vanagloria del desnudo.
El artista Milo Manara ha colaborado con Ulysse Nardin en una serie que aborda la sexualidad desde múltiples enfoques, que van del fetichismo a lo explícito. El Classico Manara (ref. 3203-136LE-2/MANARA.06) reúne diversas escenas donde el erotismo se convierte en narrativa visual. En una de ellas, Ulysse y Nadia —una sirena y una mujer que reinterpretan alegóricamente el nombre de la marca— protagonizan una relación fantástica en las profundidades marinas.
Siguiendo esta línea, otras firmas han recurrido igualmente a la pintura, aunque desde un enfoque más directo y menos refinado. La relación de Doxa con los diales eróticos es, cuanto menos, prolífica. Existen innumerables relojes de bolsillo que presentan un amplio abanico de escenas sexuales destinadas a satisfacer fantasías de todo tipo. No es extraño encontrar representaciones tan surrealistas como perturbadoras, con médicos y pacientes o profesores y alumnos como protagonistas. Un testimonio incómodo, pero revelador, de otras épocas y mentalidades.
Erotismo sonoro. Cuando el deseo marca la hora.
Llegamos al final del recorrido. Al punto en el que lo explícito resulta insuficiente y ya no basta con mostrarlo: también hay que anunciarlo. La sexualidad no se percibe únicamente con la vista; se experimenta a través de todos los sentidos. Superada la fase visual, entramos en el terreno de lo sonoro.
El repetidor de minutos nació como una complicación funcional, concebida para anunciar la hora cuando la lectura del dial no era posible. En estos relojes, sin embargo, la sonería trasciende su propósito original. Acompañada de escenas animadas, las campanas ya no comunican el tiempo: proclaman el deseo.
En este ámbito destacan piezas como el Blancpain Villeret Carrousel Répétition Minutes (ref. 16530), aunque resulta inevitable reconocer la hegemonía de Ulysse Nardin, auténtico referente de esta tipología. Modelos como el Hourstriker Erotica Jarretière o el Classic Voyeur Minute Repeater (ref. 736-61/VOYEUR) son ejemplos del descaro de la firma. Escenas de masturbación o penetración que polarizan al público y generan debates que oscilan entre lo obsceno y lo liberal, entre lo vulgar y lo transgresor. Desde una perspectiva estrictamente objetiva, se trata de piezas de alta horología cuyo nivel técnico roza lo excelso.
La opinión de Ismael (@itscrownguard)
Desde una óptica personal, los relojes eróticos no pueden entenderse como simples provocaciones. Son el reflejo del contexto social y cultural en el que fueron concebidos. Cada uno de ellos materializa una forma distinta de relacionarse con la sexualidad. Desde lo clandestino hasta lo exhibicionista. Más allá de su valor técnico, conviene profundizar en su dimensión antropológica. Son relojes íntimos, personales y, por qué no decirlo, seductores. La expresión más visceral de la pasión relojera, conectada directamente con nuestros instintos más primarios.

Ismael (@itscrownguard)
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!







