2026. Año de confeti y tictac.

Publicado el: 14/01/2026|10 minutos de lectura|Categorías: Historia y curiosidades|Etiquetas: , , , , , , , |

Generalmente, los apasionados de la horología sentimos entusiasmo por la innovación técnica y la artesanía detrás de cada pieza, aunque no siempre reflexionamos sobre la función elemental de los relojes: medir el paso del tiempo, pero sobre todo contar historias. Mientras mi compañero Alex ha conmemorado los 145 años de Seiko, en este artículo analizaremos otras marcas que cumplen un aniversario significativo en este 2026. No solo desde la nostalgia de su trayectoria, sino mediante una reflexión crítica del presente y una perspectiva esperanzadora del futuro. Desde casas centenarias que han forjado la historia de la relojería hasta jóvenes promesas que se han convertido en líderes del sector. Prepara confeti, porque 2026 es el año de la relojería.

1. Tudor. Un siglo para que el alumno superase al maestro.

Tudor Oyster Prince 34 © Analog Shift

Tudor Black Bay © Monochrome Watches

La historia de Tudor apela a una narrativa plagada de incomprensión, esfuerzo y éxito, digna de best-seller. No debe ser sencillo competir contra marcas icónicas que llevan siglos gobernando la industria relojera con puño de hierro, especialmente si, desafortunadamente, te cargan con el mantra de ser la opción secundaria y asequible de Rolex.

Es tan cierto como reiterado que el nacimiento de Tudor en 1926 no se habría producido de no haber sido por la inquietud de Hans Wilsdorf —fundador de Rolex—. De la necesidad se hizo virtud, y es que la compañía se levantó sobre el stock excedentario de la casa de la corona, con el pretexto de fabricar relojes herramienta, de diseño robusto y resistente, destinados a aventureros o submarinistas. De esta manera se creó un nexo común y ambivalente entre ambas marcas, por el que se garantizaba la denominación de origen y la calidad suiza a cambio de unas similitudes evidentes que generaron un halo de copia que no todos supieron separar.

En la actualidad, una vez superados los problemas económicos y de identidad sufridos en décadas anteriores, se puede afirmar que los caminos de Tudor y Rolex están más separados que nunca —y menos mal—. La marca ha sabido encontrar la senda correcta dentro de su propia historia, reinterpretando modelos clásicos de su archivo mediante una estética neo-vintage y atrevida, sin renunciar a un desarrollo técnico puntero. Por consiguiente, modelos como el Black Bay, Pelagos o el reciente 1926 han adquirido una personalidad propia, hasta alcanzar la categoría de objeto de deseo por lo que son, no por lo que se parecen a su hermana mayor. Espero que la marca celebre su primer siglo como se merece, manteniéndose fiel a sí misma y reinterpretando sus propios iconos.

2. Richard Mille. Transgresión e innovación cumplen sus bodas de plata.

Richard Mille RM 001 © Revolution Watch

Rafael Nadal - Richard Mille RM 27-04 © El Confidencial

Mientras que algunas marcas se han ganado su lugar en la industria relojera mediante un diseño tradicional y coherente durante décadas, otras deciden optar por una vía más directa y punk. Se suele decir que la edad es solo un número, y es cierto, pero lo que nadie esperaba era que la entrada al nuevo milenio trajera consigo el nacimiento y ascenso, en tiempo récord, de una marca tan disruptiva como incomprendida.

En 2001, Richard Mille emergió con un enfoque innovador que potenció en colaboración con las principales figuras del deporte mundial, especialmente nuestro querido Rafael Nadal. Su RM 001 fue toda una declaración de intenciones que redefinió el mundo de la relojería de lujo sobre dos pilares que acabarían representando la idiosincrasia de la marca: construcción vanguardista y estética atrevida.

Por un lado, sus relojes se fabrican utilizando un amplio abanico de materiales, desde oro convencional hasta otros más exóticos como el titanio, la cerámica o el carbono NTPT (North Thin Ply Technology). Motivo por el cual varios de sus modelos han alcanzado récords por su escueto peso y grosor, acrecentando una polémica que se aviva con su diseño. Y es que Richard Mille no ha inventado la caja de tipo tonneau, ni los tornillos en el bisel, ni el diseño esqueletizado o la exposición del tourbillon. Sin embargo, la combinación de todos estos elementos ha creado un cóctel ganador que algunas marcas intentan replicar sin éxito, evidenciando una esencia genuina, aunque no exenta de críticas.

En los últimos años se han volcado ríos de tinta —y comentarios en redes sociales— contra la marca, tildándola de banal y extravagante. Probablemente, lo que más asperezas levanta es la exclusividad y el alto coste de sus piezas, o verlas en las muñecas de las personas más influyentes y envidiadas del mundo. Sea como fuere, hay que reconocer que Richard Mille marcó un punto de inflexión, despertando a una industria relojera aletargada desde la década de los setenta tras la crisis del cuarzo. En definitiva, en su 25 aniversario le pedimos nuevas colaboraciones y complicaciones absurdas, impulsando la innovación hasta límites insospechados, pero siempre con ese toque desenfadado.

3. Casio. 80 años, legado eterno.

Casio F-91W © Watchfinder

G-Shock by John Mayer © Hodinkee

Tras la Segunda Guerra Mundial, estoy seguro de que lo último que Tadao Kashio esperaba era hacerse famoso por vender relojes y no por su innovadora pipa Yubiwa, un anillo diseñado para sostener el cigarro mientras fumabas.

Sin obviar su incursión en el fascinante mundo de las calculadoras, la marca decidió cambiar la historia de la relojería en 1974 con el Casiotron, el primer reloj de pulsera digital con calendario automático. Un punto de inflexión por el que las compañías japonesas —como también Seiko— azotaron con dureza al mercado suizo durante la crisis del cuarzo. Sin embargo, este solo sería el principio, ya que posteriormente acrecentarían su leyenda mediante dos mantras aún vigentes: por un lado, la resistencia y durabilidad insignia de modelos como los G-Shock; por otro, la democratización de la relojería con el lanzamiento del Casio F-91W en 1989, el reloj más vendido de la historia.

Una marca que desde 1946 ha generado sonrisas y turbulencias por igual, ganándose el respeto de todo tipo de usuarios hasta adquirir la vitola de icono por mérito propio. A título personal, en su 80 cumpleaños no le pido innovaciones técnicas ni diseños rompedores —eso ya lo consiguió con su reloj calculadora—. Únicamente le imploro que siga siendo la marca de acceso que ha conectado a millones de usuarios inexpertos con el mundo de la relojería. ¿Quién puede decir que nunca ha llevado un Casio?

4. Jacob & Co. Cuatro décadas liderando el lujo extravagante.

Jacob & Co. Astronomia © Hodinkee.com

Jacob & Co. Billionaire © GQ

Frente a la quietud de algunas marcas mencionadas, existen otras que, al igual que Richard Mille, deciden adentrarse en el mundo de la horología de lujo como un elefante en una cacharrería, por la puerta grande y haciendo mucho ruido. Cuando Jacob Arabo fundó la marca en la Nueva York de 1986, rápidamente se definió como una casa joyera capaz de crear piezas exuberantes, de gran tamaño y repletas de diamantes, destinadas a saciar el ansia de estatus de la cultura hip-hop y del star-system estadounidense del momento.

La entrada del nuevo milenio supuso un punto de inflexión. Lejos de huir de las críticas, la marca decidió adentrarse en la relojería sin renunciar a su ADN provocador, dando lugar al Five Time Zone. Presentado en 2002, no deslumbró por ser un prodigio técnico, sino por crear una estética tan reconocible como funcional, rápidamente ligada a las muñecas más influyentes del mundo. Una declaración de intenciones que sentó las bases de la esencia actual de la marca: alta complicación interpretada de manera excéntrica, desde una perspectiva teatral y artificiosa. El Astronomia fue buen ejemplo de ello, combinando tourbillones multieje que rotaban interrelacionándose con elementos escultóricos. Posteriormente llegarían colaboraciones de todo tipo, dando lugar a modelos exóticos como El Padrino, el Bugatti Chiron Tourbillon, el Billionaire o los Epic, fruto de colaboraciones con Cristiano Ronaldo y Messi.

Desde una perspectiva presente, la marca ocupa una posición singular. Bajo la dirección de Benjamin Arabov, hijo del fundador, ha reforzado su proyección internacional en mercados que buscan más una marca de lujo cultural que una propuesta estrictamente relojera. Aunque la facción más conservadora ha criticado su estética barroca, su escasa funcionalidad y sus precios desorbitados, no debemos olvidar uno de los pilares fundamentales de la relojería: no se trata solo de crear relojes herramienta cargados de complicaciones, funciones inútiles en plena era digital, todo sea dicho, sino de establecer una simbiosis entre gusto y artesanía que sirva para dar la hora. Un saber hacer en el que Jacob & Co. no tiene rival. De cara al futuro, solo le pido que siga creando piezas absurdas que conecten con el niño interior que todos llevamos dentro. Y, por supuesto, cargadas de diamantes.

5. Gallet. 200 años midiendo la historia desde la sombra.

Gallet Multichron 'Jim Clark' Chronograph © Song Watches

Gallet Flying Officer © Hairspring

El sector de la relojería interpreta el paso del tiempo como un valor de marca que representa longevidad y supervivencia. Todos conocemos el legado de Breguet o Longines, casas que desde el lujo del escaparate se han convertido en objetos de aspiración intergeneracional. Sin embargo, existen otros ejemplos que, desde un segundo plano, han observado y medido el tiempo desde la utilidad y la precisión, como es el caso de Gallet.

Fundada en La Chaux-de-Fonds (Suiza) en 1826, su filosofía se concibió desde el pragmatismo y la exactitud, lejos de la opulencia y el protagonismo. En plena revolución de los transportes —navegación, ferrocarril y posteriormente aviación—, la marca respondió a las necesidades de la ciencia mediante una especialización temprana en cronógrafos y relojes de medición precisa. Su verdadero impulso llegó en el mercado aeronáutico estadounidense de finales del siglo XIX y comienzos del XX, consolidándose como proveedor de relojes herramienta para pilotos e ingenieros que no necesitaban elegancia, sino fiabilidad. Modelos como el MultiChron y, especialmente, el Flying Officer integraban funciones específicas, como biseles giratorios para el cálculo de husos horarios.

Aunque la Segunda Guerra Mundial reforzó su reputación con relojes robustos y legibles para uso militar, también marcó el inicio de su decadencia. Tras el conflicto, los cambios sociales y, sobre todo, la crisis del cuarzo golpearon duramente a marcas mecánicas como Gallet. Durante décadas, su nombre quedó relegado a archivos, historiadores y colecciones privadas.

Relegada, pero no olvidada, la marca ha despertado recientemente un gran interés no por lo que promete, sino por lo que representa. En marzo de 2025, Breitling adquirió la compañía con la promesa de resucitarla en su bicentenario, trayendo de vuelta reinterpretaciones fieles de sus modelos más icónicos. De cara al presente y al futuro, le auguramos un regreso exitoso si mantiene su filosofía: crear relojes herramienta con pedigrí histórico, lejos de la ostentación.

La opinión de Ismael (@itscrownguard)

Si bien es cierto que se quedan en el tintero otros aniversarios, como los 30 años de Parmigiani Fleurier o los 25 de Roger W. Smith y Lang & Heyne, queda claro que 2026 no es un año más, sino un espejo donde las grandes casas relojeras se citan para repasar su historia. Un encuentro que ejemplifica que el paso del tiempo es inherente a todos, pero que cada cual lo interpreta de forma subjetiva. Desde la paciencia, la transgresión, la democratización o el legado histórico, cada una ha aportado su granito de arena a una montaña relojera con una cúspide cada vez más alta. Por un 2026 cargado de homenajes y ediciones especiales, aunque eso lo veremos en el próximo artículo.

Ismael (@itscrownguard)

«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!

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