Al-Ándalus. El reloj milenario sin engranajes

Publicado el: 02/01/2026|6 minutos de lectura|Categorías: Historia y curiosidades|Etiquetas: , |

La pasión y la necesidad por conocer y controlar el tiempo no son, ni de lejos, recientes. Todos pensamos en marcas antiquísimas y pioneras como Breguet, pero en este artículo debemos dar cabida a un reloj ubicado en España que, sin agujas ni engranajes, fue capaz de dar la hora con precisión hace más de mil años. Para ello, nos trasladamos a la Alhambra de Granada y, con ello, a uno de los periodos más emblemáticos de la península ibérica, gracias a un reloj solar único.

Sāʿa. La importancia del tiempo en Al-Ándalus

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Antes de detallar su funcionamiento, es necesario analizar el contexto en el que se creó para comprender por qué era necesario. Nos ubicamos entre los siglos X y XII, durante la turbulenta etapa de los reinos de taifas y la expansión cristiana.

Previamente a la creación del reino nazarí, Granada no era el epicentro islámico de la península, pero sí una ciudad plenamente desarrollada, especialmente a partir del siglo XI. Convertida en un centro administrativo densamente poblado, contaba con todos los elementos fundamentales de cualquier medina que se precie —barrios, mercados, mezquitas, baños, etc.—.

Sin embargo, es importante destacar las madrasas —escuelas islámicas utilizadas como centros culturales y de estudio—. Influenciadas por los estudios y tradiciones griegas, persas e indias, en ellas se unieron conocimientos astronómicos y la gnomónica —el arte de construir relojes solares— para desarrollar instrumentos capaces de medir el tiempo. Todo ello se justificaba mediante el concepto de Sāʿa (ساعة) —entendido en árabe como “una hora o momento concreto”— y la necesidad de controlar las horas del día.

Su conocimiento era crucial, ya que el tiempo determinaba diferentes aspectos de la vida cotidiana. A nivel religioso, establecía cuándo debían realizarse las cinco oraciones diarias (Fajr, Dhuhr, Asr, Maghrib e Isha). En el ámbito urbano, más allá de la oración, determinaba la apertura y cierre de los zocos, los turnos de trabajo, la gestión de actividades judiciales y administrativas, e incluso el uso de los baños públicos (ḥammām).

El Sol. Un COSC histórico y orgánico

© Instituto Superior de Navegación

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Para comprender su diseño debemos partir de la premisa de que la duración del día y la noche varía a lo largo del año, de acuerdo con los solsticios de invierno y verano —20/21 de junio y 21/22 de diciembre—. Por consiguiente, durante el verano las horas de luz diurna superan a las horas de oscuridad nocturna, situación que se invierte en invierno.

Este no es un asunto baladí, ya que, como se ha comentado anteriormente, la luz diurna determina los quehaceres cotidianos. Por ello, el muwaqqit —astrónomo encargado de la cronología y de la regulación de los tiempos de oración en instituciones islámicas como mezquitas o madrasas— debía combinar astronomía y geometría para calcular con precisión la posición exacta del Sol en cada momento del año y plasmarla posteriormente en el reloj.

Con este condicionante sobre la mesa, lejos de los relojes de pulsera convencionales, este reloj solar andalusí se concibe como un bloque fabricado en mármol blanco, con unas medidas relativamente contenidas para la época (14–21 × 26,5 × 3,5 cm). En su superficie destacan once hendiduras horizontales que marcan las horas, además de dos semicírculos que determinan los solsticios de invierno y verano. Todo ello se acompaña de diferentes signos zodiacales y caracteres cúficos —estilo de caligrafía árabe— que, a modo de leyenda, marcan las oraciones diarias. Esto se completa con un orificio central que servía para sostener el gnomón —eje o barra metálica— que proyectaba su sombra para señalar las horas del día, haciendo las veces de agujas o manecillas.

Clepsidras. El agua como alternativa.

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No obstante, como cualquier reloj solar anterior o posterior, este sistema presenta una serie de condicionantes que evidencian sus carencias. El hecho de depender de la luz solar imposibilita su funcionamiento si la orientación no es correcta, el cielo no está despejado o, directamente, es de noche. Además, presenta irregularidades derivadas de la latitud o de la estación del año.

Para paliar estas deficiencias, el reloj solar andalusí se complementó con la clepsidra, una alternativa de origen egipcio y mesopotámico mucho más versátil, ya que funcionaba con agua en lugar de luz. Mediante un sistema de recipientes graduados a diferentes alturas —arcaico pero efectivo—, el agua fluía a una velocidad casi constante desde la clepsidra de vaciado hasta la de llenado.

Durante ese trasvase, el nivel del agua de cada recipiente servía como indicador temporal: cuando el agua alcanzaba una marca concreta, significaba que había transcurrido un intervalo de tiempo determinado. De esta manera, se creaba un sistema utilizable en interiores, tanto de día como de noche, al no depender ni del clima ni de la posición del Sol. Aunque no estaban exentas de imperfecciones en el flujo del agua, algunas clepsidras avanzadas incorporaban incluso “correctores temporales” para mejorar su precisión.

Relevancia patrimonial en la actualidad

Esta pieza concreta, conservada en el Museo Arqueológico de la Alhambra, ubicado dentro del Palacio de Carlos V, es uno de los relojes solares hispano-musulmanes más importantes que hemos heredado —en España se conservan otros siete ejemplares similares—. No se trata de un Rolex o un Patek Philippe, por lo que difícilmente alcanzaría pujas millonarias en afamadas casas de subastas como Sotheby’s o Christie’s.

Sin embargo, su riqueza patrimonial y cultural es probablemente superior a su valor económico, ya que constituye una prueba fehaciente de la sofisticación y el desarrollo científico-técnico de los astrónomos musulmanes. En este caso, circunscrito a la Granada andalusí, a menudo eclipsada por la magnificencia arquitectónica y decorativa de la Alhambra.

La opinión de Ismael (@itscrownguard)

Actualmente, los relojes solares pueden parecer descontextualizados e ineficientes, especialmente si se interpretan desde la perspectiva de una sociedad plenamente digitalizada, en la que cualquier gadget doméstico incorpora un reloj miniaturizado. Sin embargo, demuestran que la motivación y el interés del ser humano por conocer la hora son inherentes al paso del tiempo, y que responden a la necesidad intrínseca de cuantificarlo para organizar nuestra vida en torno a él.

Por consiguiente, pese a todas sus innovaciones y complicaciones, la industria relojera actual no deja de ser el último eslabón de una cadena del tiempo milenaria.

Ismael (@itscrownguard)

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