
Cloisonné. Un lienzo en tu muñeca
Dentro del contexto socioeconómico actual —dominado por la inmediatez del fast food o el fast shopping—, algunas casas relojeras como Patek Philippe o Jaeger-LeCoultre se mantienen como grandes adalides de la artesanía y la dedicación. En este artículo no vamos a hablar de innovadoras complicaciones ni de los lanzamientos más recientes, sino de la paciencia, la sensibilidad y la técnica que hay detrás de una disciplina milenaria: el cloisonné.
¿Qué es el cloisonné?
La técnica del cloisonné es un proceso decorativo íntegramente artesanal, lento y manual, incluso para las grandes casas relojeras del mundo, dotadas de la tecnología más puntera.
El proceso parte de una base metálica cubierta de esmalte, sobre la que se crean pequeños dibujos o compartimentos —llamados cloisons— mediante hilos metálicos extremadamente finos, de apenas unas décimas de milímetro y generalmente fabricados en oro. Estos hilos no se sueldan ni se pegan, sino que se fijan gracias a la propia tensión y al esmalte aplicado posteriormente.
Una vez delimitados los compartimentos —el contorno del diseño—, su interior se rellena progresivamente con esmalte en polvo mezclado con agua, lo que permite obtener una rica y profunda variedad cromática. Finalmente, la pieza se cuece en un horno a más de 800 ºC, un proceso que se repite entre 10 y 20 veces para asentar cada color y cada capa.
A simple vista, el cloisonné puede parecer una técnica pictórica, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de una imprimación en vidrio, que no es ni pintura ni barniz y que, por tanto, resiste de forma excepcional la oxidación natural, asegurando su conservación a lo largo del tiempo.
Su origen se remonta al Antiguo Egipto, donde se empleaba en elementos votivos y decorativos como amuletos y joyas. Posteriormente, la técnica se perfeccionó hasta alcanzar un desarrollo extraordinario durante el Imperio Bizantino y, más tarde, en China durante la dinastía Ming, motivo por el cual abundan los diseños de inspiración oriental, como mapas, animales o escenas naturalistas.
El cloisonné en la alta relojería
El concepto de alta relojería no siempre se define por la presencia de grandes complicaciones —como tourbillones, repetición de minutos o calendarios perpetuos—, sino también por la artesanía y la exclusividad de sus esferas.
La complejidad del cloisonné sigue siendo la misma que hace más de 4.500 años, pero el verdadero reto surge cuando este proceso debe miniaturizarse en diales que oscilan entre los 35 y 40 milímetros de diámetro. Cualquier error —una burbuja, una fisura o una cocción mal calibrada— invalida la pieza por completo, lo que convierte su elaboración en un proceso extremadamente delicado y costoso.
Patek Philippe. Líder en solitario
Existen varias casas relojeras que se han convertido en auténticas maestras del cloisonné, pero Patek Philippe ha liderado esta técnica con una autoridad casi incontestable. La manufactura ginebrina ha convertido el cloisonné en un símbolo de exclusividad y valor histórico-artístico, con una variedad abrumadora que no se limita a relojes de muñeca, sino que se extiende a relojes de bolsillo o relojes de mesa, especialmente a través de su colección Rare Handcrafts.
Desde patrones geométricos o vegetales hasta representaciones de animales, mapas o incluso coches de carreras, la diversidad es enorme. Entre todas estas opciones, mi referencia predilecta es la Patek Philippe 5231J. Un modelo relativamente reciente —lanzado en 2019— que combina la complicación de hora mundial con un mapa esmaltado de varios continentes en técnica cloisonné. Una pieza que equilibra de forma magistral funcionalidad, arte y esa elegancia contenida que solo Patek Philippe sabe imprimir.
Jaeger-LeCoultre. Otra perspectiva
También merece un reconocimiento especial la labor de Jaeger-LeCoultre, que, sin recurrir de forma sistemática al cloisonné, ha explorado la técnica del esmalte grand feu hasta niveles que rozan lo impensable.
Desde los años cincuenta, con motivo de eventos específicos como Roland Garros, algunas de sus piezas trascendieron la función horaria y puramente decorativa. Sobre la base de su icónico Reverso, la manufactura ha sabido aprovechar de forma inteligente la capacidad de giro de la caja para mostrar una segunda cara, dando lugar a diales que reproducen motivos pictóricos, constelaciones e incluso obras de arte.
Un ejemplo especialmente destacable es la colección Reverso Tribute Enamel “Monet”, que reinterpreta distintas vistas de Venecia inspirándose en la pincelada impresionista de Claude Monet, demostrando cómo el esmalte puede convertirse en un auténtico medio narrativo.
¿Tiene sentido en un reloj?
El cloisonné no deja de ser, objetivamente, un elemento puramente decorativo dentro del mundo de la relojería, que para muchos ya resulta accesorio en sí mismo. A diferencia de complicaciones como la repetición de minutos, capaz de “cantar” la hora, el cloisonné no aporta una función práctica adicional. Es más, en algunos casos puede incluso dificultar la legibilidad del dial.
Pero seamos sinceros: ¿cuántos de los que estáis leyendo este artículo utilizáis un reloj únicamente para leer la hora? Los aficionados a la relojería los llevamos por muchas razones —como extensión de nuestros gustos, como reflejo de nuestra personalidad, como objeto heredable o como símbolo de estatus— y probablemente, en último lugar, para consultar la hora.
El cloisonné encaja perfectamente en esa dimensión accesoria entendida con gusto, donde la exclusividad y el valor artístico alcanzan cotas difíciles de igualar. Además, suele implicar una revalorización económica compleja de predecir —aunque claramente alcista—, lo que convierte a estas piezas en objetos de inversión singulares.
La opinión de Ismael (@itscrownguard)
En definitiva, el cloisonné no trata de ver mejor la hora, sino de sonreír y sentir una admiración genuina cuando la lees. Cerrando el círculo con el inicio del artículo, considero que es un testimonio que lucha contracorriente en plena sociedad de la inmediatez.
Uno de esos objetos que te empujan —aunque solo sea por un instante— a parar, respirar y recordar cuáles son las cosas verdaderamente bellas de la vida. Una auténtica rara avis que demuestra que la capacidad humana es insuperable y que valores como la paciencia, la precisión y la dedicación no solo no deben perderse, sino cultivarse.

Ismael (@itscrownguard)
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!














Espectacular artículo 🫵
Muchísimas gracias Oscar!!