
Mi primer Geneva Watch Days: guía de supervivencia
Hay pocas ciudades en el mundo tan ligadas a la relojería como Ginebra, así que probablemente no había mejor excusa para conocerla que Geneva Watch Days. Esta ha sido mi primera vez tanto en la ciudad como obviamente en la feria.
La excusa, y desde aquí tengo que volver a darles las gracias, fue la invitación de Micromilspec para acompañarlos durante la feria y conocer su gran novedad, el FieldMaster.
Solo he podido estar un día y medio y llegaba con la agenda prácticamente llena de citas. Tenía bastante claro qué relojes quería ver y qué marcas quería visitar. Lo que no tenía nada claro era cómo iba a ser Geneva Watch Days y esa ha sido la mayor sorpresa. Y precisamente por eso he escrito este artículo. Para compartir las cosas que más me han sorprendido y gustado y, de paso, intentar que sirva como pequeña guía para cualquiera que, como yo, llegue por primera vez sin saber muy bien qué se va a encontrar.
Una feria que, en realidad, no parece una feria
Esta fue probablemente la cosa que más me sorprendió. Me imaginaba Geneva Watch Days como una feria tradicional: un recinto, pasillos, stands y todas las marcas concentradas en un mismo espacio. Pero nada que ver.
Geneva Watch Days está descentralizada por la ciudad. Hay marcas en hoteles, en boutiques, en cafeterías, en edificios históricos y, por supuesto, también en el Pavilion, que funciona como uno de los puntos centrales del evento.
Cuando llegué a Ginebra y me di cuenta de esto, me preocupé bastante. Teniendo solo un día y medio y una agenda llena, pensaba que iba a pasarme media visita corriendo de una punta a otra de Ginebra para llegar a tiempo a cada cita. Pero en realidad fue una grata sorpresa ver que ocurre justo lo contrario.
Ginebra es increíblemente cómoda para algo así. Prácticamente, todo está a distancia caminable y creo que el trayecto más largo que hice entre dos citas fueron unos veinte minutos. Y al final esa descentralización, que inicialmente parecía un problema, terminó siendo una de las cosas que más me gustó.
Porque no estás encerrado todo el día dentro de un pabellón. Sales de una presentación, caminas junto al lago, cruzas el centro de Ginebra, entras en un hotel histórico, visitas una boutique y siempre vuelves a encontrarte con relojes. La ciudad acaba formando parte de la propia feria.
Citas ¿Realmente hacen falta?
Esta probablemente haya sido la sorpresa más agradable de todas. Antes de venir me había preocupado bastante por conseguir el máximo número de citas. Con tan poco tiempo, quería asegurarme de poder ver por lo menos cuatro o cinco marcas y organizar bien la agenda, con grandes espacios entre citas y todo calculado al milímetro.
Después de estar aquí, creo que la próxima vez me preocuparé bastante menos, porque Geneva Watch Days me ha parecido una feria sorprendentemente visitable, abierta y cercana. Si estas en el Hotel Beau Rivage, donde muchas marcas tienen sus suites reservadas, no tengas miedo de entrar a visitarlas. Si llegas con interés real, una sonrisa y ganas de conocer los relojes, las propias marcas son las primeras interesadas en enseñártelos.
Evidentemente, si algo te interesa mucho y quieres profundizar, recomiendo ir con cita, ya que el tratamiento y la atención son muy distintas. Pero si en alguna marca no lo consigues, quizá tienes que esperar cinco minutos o unirte a otro pequeño grupo, pero rápidamente aparece alguien dispuesto a explicarte el lanzamiento, dejarte tocar los relojes y, sobre todo, ponértelos en la muñeca. Y eso cambia muchísimo la experiencia.
Ginebra, vista desde fuera, impone bastante. Es probablemente la capital mundial de la alta relojería y uno podría imaginar un ambiente mucho más cerrado, formal o exclusivo. Al menos durante Geneva Watch Days, mi experiencia ha sido exactamente la contraria.
El ecosistema independiente está más fuerte que nunca
Obviamente, durante Geneva Watch Days, tuve la oportunidad de visitar marcas establecidas como Zenith. Fue una de las paradas obligatorias para conocer su nueva colección Solo Sport. También pude conocer finalmente de primera mano los relanzamientos de Gallet y Universal Genève, dos propuestas muy diferentes dentro de un mismo grupo: la primera ocupando una posición más accesible y la segunda recuperando un nombre histórico desde un posicionamiento mucho más alto.
Pero si algo me quedó claro después de un día y medio recorriendo Ginebra es que buena parte de las propuestas más interesantes venían de marcas independientes y micromarcas. Y creo que eso dice bastante sobre el momento que vive la relojería. Hace unos años, una micromarca podía asociarse casi automáticamente a un reloj relativamente sencillo producido a partir de componentes externos. Hoy te encuentras marcas pequeñas presentando tourbillones, calibres propios o muy interesantes, cajas de titanio, acabados espectaculares y diseños atrevidos que difícilmente veríamos en las grandes casas, muchas veces manteniendo además price points sorprendentemente competitivos.
BA111OD es probablemente uno de los ejemplos más claros, especialmente por lo que están haciendo junto a Soprod, con la mayoría de sus calibres chronometer certified, tourbillones, fases lunares y otras innovaciones. Pero también descubrí proyectos mucho más jóvenes como Voxel, creado por dos emprendedores con una propuesta técnica para transformar el reloj en un 24h simple pero que me pareció fantástica o la francesa Buci, que lanzará próximamente en Kickstarter su nuevo modelo. De todos ellos hablaré en profundidad en artículos específicos.
También hubo tiempo para visitar nombres independientes bastante más consolidados. MING me encantó, especialmente por su brazalete y por el nuevo Worldtimer. Pude conocer al CEO y al director creativo de Unimatic; y el ALTO ART 02 fue directamente una de las sorpresas de la feria: nuevas proporciones, caja y brazalete de titanio, un calibre a vista que es una auténtica maravilla… un reloj que me gustó muchísimo más de lo que esperaba al probarlo finalmente en la muñeca.
Y luego están esas visitas que van bastante más allá de descubrir un reloj nuevo. Poder conocer personalmente a Naoya Hida fue una de las experiencias más especiales de todo el viaje. No solo pude ver todas sus piezas, entre ellas el calendario perpetuo o su moonphase en oro y acero, sino también conocer al artesano responsable del grabado de sus diales y entender de cerca el nivel de trabajo que hay detrás. La atención al detalle es simplemente extraordinaria y probablemente fue uno de los momentos en los que mejor pude apreciar la diferencia que puede aportar una producción a una escala tan pequeña.
También pude ver en persona el trabajo de Konstantin Chaykin, incluyendo su reloj desarrollado para los cosmonautas rusos, otro buen ejemplo de hasta qué punto la relojería independiente permite explorar ideas que difícilmente encontraríamos en una colección convencional.
Y quizá esa sea la conclusión más interesante. Las micromarcas y los independientes ya no están simplemente intentando hacerse un hueco alrededor de las grandes marcas. Hay un espacio real para ellos. El aficionado actual busca diseños diferentes, buenas proporciones, materiales interesantes, calidad de construcción y, cada vez más, relojes pensados específicamente para sus gustos en lugar de intentar agradar a todo el mundo.
Si además eres capaz de ofrecer todo eso a un precio coherente que no solo unos pocos se puedan permitir, puedes construir una propuesta realmente potente sin necesitar detrás cien años de historia.
Micromilspec: el motivo por el que estoy aquí
Si tengo que elegir una visita especialmente importante durante estos días, que representa a la perfección este concepto de micromarca, tiene que ser Micromilspec.
Primero porque fueron ellos quienes me invitaron a venir a Geneva Watch Days, algo por lo que estoy enormemente agradecido, y tengo que repetir el agradecimiento a Anna y Theo por la organización. Pero también porque después de llevar tiempo siguiendo la marca y haber probado algunos de sus relojes, por fin pude conocer personalmente a Martin Scogelli, su fundador.
Y después de conocerlo pude entender bastante mejor Micromilspec. Martin viene del mundo militar y la marca nació precisamente de esa obsesión por crear el reloj profesional que él quería para su unidad. Tras hablar con muchas marcas, todas le respondían que para una única unidad con cantidades tan pequeñas no le podían diseñar un reloj, y menos con las especificaciones tan claras que él tenía en mente.
Así que desde 2019 han trabajado directamente con unidades militares y organizaciones profesionales desarrollando relojes específicos para sus necesidades, una filosofía que sigue siendo la base de prácticamente todo lo que hacen.
También pude ver por fin prácticamente toda la colección junta, incluyendo el Milgraph, al que tenía muchísimas ganas. Un cronógrafo GMT de titanio desarrollado a partir del trabajo de la marca con fuerzas de operaciones especiales, con detalles tan particulares como la corona situada a la izquierda o el bisel QuadGrip. Además, pude ver algunas de sus versiones más especiales, incluyendo las colaboraciones con Black Badger.
Pero probablemente el reloj que más me interesaba ver estos días era su última novedad: el Fieldmaster. Y creo que aquí han dado bastante en el clavo.
40 mm, titanio, 11,2 mm de grosor, 200 metros de hermeticidad y calibre Horage K3, con componentes de silicio antimagnéticos y el indicador de reserva de marcha escondido en la trasera para mantener la esfera lo más funcional posible. Para mí, esos 40 mm son el sweet spot para un tool watch moderno.
Pero hubo otra cosa que me gustó casi tanto como los relojes: el espacio de Micromilspec.
Mientras muchas marcas presentan sus relojes en suites extremadamente elegantes o espacios bastante tradicionales, Micromilspec había convertido una de las suites del Beau-Rivage prácticamente en un pequeño campamento militar. Oscuro, negro, con estructuras y material técnico por todas partes.
Era completamente diferente a cualquier otro espacio que visité durante la feria y, sobre todo, encajaba perfectamente con la identidad de la marca.
Siempre nos quedará Ginebra
Nunca había estado en esta maravillosa ciudad y probablemente tampoco podría haber elegido una mejor excusa para conocerla. Poder caminar entre citas junto al lago, cruzarte constantemente con boutiques y nombres en las cornisas y terminar entrando en edificios históricos para descubrir una marca nueva hace que la experiencia sea muy diferente a la de una feria convencional.
He estado únicamente un día y medio, así que evidentemente me han quedado muchísimas cosas y marcas por visitar. Pero quizá eso sea lo mejor que puedo decir de mi primera experiencia en Geneva Watch Days.
Llegué pensando que solo venía a ver relojes. Y me voy con ganas de volver el año que viene, reservar algún día más y vivirlo con bastante menos agenda.
Porque ahora ya sé que aquí, muchas veces, lo mejor aparece simplemente caminando hacia la siguiente cita.

The Watch Caliber
Aficionado a la relojería y la fotografía, ha fusionado estas dos pasiones compartiendo contenido de relojes, micromarcas, correas y brazaletes a través de su lente.



























