Favre Leuba. La leyenda renace.

Publicado el: 22/10/2026|9 minutos de lectura|

En pleno 2026, multitud de micromarcas intentan abrirse camino dentro de una industria cada vez más copada. No obstante, existen otras que no necesitan hacerse un hueco, simplemente ya lo tienen. Ese es el caso de Favre Leuba, una de las casas relojeras más antiguas de la historia que, pese a haber sobrevivido a crisis y a dos guerras mundiales, mantiene su legado más vivo que nunca. Por ese motivo, este artículo conectará Le Locle, cuna de la marca en 1737, con un presente firme encaminado hacia un futuro esperanzador.

Favre Leuba. De Le Locle al mundo.

Fundación en 1737 © Favre Leuba

Fundación en 1737 © Favre Leuba

La historia arranca con Abraham Favre, que en 1718 —con apenas 16 años— comenzó su aprendizaje junto al relojero Daniel Gagnebin. El 13 de marzo de 1737, un documento oficial lo menciona por primera vez como relojero independiente en Le Locle, fecha que la marca toma como acta de nacimiento. Hacia 1749 fue nombrado maître horloger du Locle —maestro relojero de la localidad—.

En 1764 se sitúa el inicio de una estrecha colaboración con Jacques-Frédéric Houriet, considerado el padre de la cronometría suiza. Según la propia marca, en esa misma época Favre trabajó también con Abraham-Louis Breguet en diferentes piezas innovadoras. Dos nombres que dan una idea del ecosistema en el que se movía el taller.

El apellido Leuba se incorpora a la ecuación con Henry-Auguste Favre, descendiente de Abraham, y Auguste Leuba. De esa unión surge la denominación Favre-Leuba, fechada en 1815; ese año aparece, de hecho, en el emblema del reloj de arena que la marca ha utilizado durante décadas como símbolo de identidad.

Desde ese momento, Henry-Auguste viajó por medio mundo —de Alemania a Rusia, de Cuba a Nueva York, de Brasil a Chile— para expandir la marca vendiendo sus relojes de bolsillo. Los resultados no tardaron en llegar en forma de premios en las célebres exposiciones nacionales e internacionales de Londres (1851), Nueva York (1853), París (1855), Berna (1857) y Oporto (1865), entre otras. Ese último año marca además un hito comercial: Fritz Favre viajó a la India y Favre Leuba se convirtió en la primera marca relojera suiza en entrar en el país, un vínculo que perdura hasta hoy.

Posteriormente, la sede se trasladó de Le Locle a Ginebra en 1896. En 1908, Henri Favre-Leuba asumió la dirección de la empresa familiar y continuó haciéndola crecer; presidió el consejo de administración hasta su fallecimiento, en 1961.

Posguerra. Presencia internacional y manufactura propia.

Reloj de bolsillo © Favre Leuba

Cartel publicitario © Favre Leuba

Tras la Segunda Guerra Mundial, Favre Leuba contó con una posición estable en la India gracias a su oficina de Bombay, y fue recuperando peso en otros mercados, como demuestran los anuncios de mediados de siglo: Nueva York, Londres, Bombay, Calcuta, Karachi, Dacca, Rangún y Singapur. La firma expuso con regularidad en la feria de Basilea a partir de 1946 y en el Salon Montres et Bijoux de Ginebra desde 1953. En 1948 adquirió el nombre y las instalaciones de Bovet, y durante los dos años siguientes produjo cronógrafos de alta precisión bajo la denominación Favre Leuba Bovet.

Con toda esa experiencia acumulada, el siguiente paso llegó en 1955 con el calibre de manufactura FL101, que estrenaron los Sea Chief, Sea King y Sea Raider. Un movimiento de 11 ½ líneas y 17 rubíes que incorporaba segundero central directo, protección antimagnética y antigolpes, volante Glucydur y muelle real irrompible, además de ofrecer 2 días de reserva de marcha, todo ello en relojes herméticos.

1960-1968. La edad dorada.

Bivouac © Favre Leuba

Deep Blue © Favre Leuba

Bathy © Favre Leuba

Sin temor a equivocarme, la década de los sesenta definió la identidad moderna de la marca hasta la actualidad: relojes pensados como herramientas.

En 1960 llegó el Water Deep, el primer reloj de buceo de la marca y punto de partida de su éxito en esta categoría. Dos años después se lanzó el Bivouac, presentado como el primer reloj de pulsera mecánico con barómetro aneroide para medir altitud y presión atmosférica. Un reloj que, según la marca, se estrenó en las muñecas del equipo nacional suizo de paracaidismo en el Mundial de 1962 en Estados Unidos. En 1964 llegó el Deep Blue, una evolución del Water Deep con una sorprendente resistencia al agua de hasta 200 metros. Finalmente, en 1968 apareció el Bathy, presentado por la marca como el primer reloj de pulsera mecánico capaz de mostrar no solo el tiempo de inmersión, sino también la profundidad en ese instante.

La guinda del pastel se alcanzó en 1969, momento en el que Georges Favre adquirió el grupo SAPIC, propietario entonces de Jaeger-LeCoultre, y ambas casas pasaron a ser empresas hermanas. Fruto de esa asociación, algunos modelos hoy muy conocidos de Jaeger-LeCoultre, como el Reverso y el Memovox, se comercializaron también con la marca Favre Leuba. Los anuncios de la época, con el lema «Relojeros desde 1737», dan fe de la fuerza que la casa mantenía en mercados como el español.

Catálogo de 1969 © Favre Leuba

Cual ave fénix. De la crisis del cuarzo al renacimiento.

Harpoon © Favre Leuba

Sea Sky © Favre Leuba

Chief Skeleton © Favre Leuba

La llegada del cuarzo golpeó con dureza a toda la industria suiza, y Favre Leuba no fue una excepción. La familia se vio obligada a vender la marca en la década de 1980, y a partir de ahí la compañía cambió varias veces de manos. Años después, en 2011, Titan Company, la compañía relojera del grupo indio Tata, adquirió los derechos globales de la marca, materializando el cambio con modelos como el Raider Harpoon (2016), un buceador con una forma peculiar de leer el tiempo.

El 280.º aniversario se celebró en Baselworld en 2017 con el Bivouac 9000, un altímetro mecánico que en 2018 ganó el premio Watchstars en la categoría New Stars y que, según la marca, se convirtió en el único reloj altímetro mecánico en alcanzar la cima del Everest (8.848 m). Ese mismo año, el cincuentenario del Bathy se conmemoró con el Raider Bathy 120 MemoDepth, capaz de medir y registrar la profundidad hasta 120 m.

El punto de inflexión definitivo llegó en 2023, momento en el que la marca pasó a Silvercity Brands, sociedad con sede en Grenchen (Suiza) propiedad del minorista indio Ethos. Un año después, Patrik Hoffmann, veterano de la industria con pasado en Ulysse Nardin, asumió la dirección y presentó el relanzamiento global en Geneva Watch Days 2024.

Un regreso para nada tímido, pues dio paso a tres colecciones clave dentro del catálogo actual. El Chief supuso la piedra angular del relanzamiento, con dos iconos modernos: la fecha y el cronógrafo, sobre una caja almohadillada inspirada en los años setenta. El Deep Raider representó un homenaje al 60.º aniversario del Deep Blue de 1964. Y el Sea Sky marcó un tributo al diseño original de los años setenta.

Desde el relanzamiento, la marca ha ido añadiendo complejidad técnica. En 2025 presentó su primer tourbillon, el Chief Tourbillon Sablier Dial, desarrollado junto al relojero Jean-François Mojon, y su primer reloj esqueletado, el Chief Skeleton. Un recorrido que ha culminado en su debut en Watches & Wonders Geneva 2026 y en su primera nominación al Grand Prix d’Horlogerie de Genève (GPHG) con el Chief Skeleton, apenas dos años después de su relanzamiento. La ceremonia tendrá lugar el 7 de noviembre de 2026 en Ginebra.

La opinión de Ismael (@ismaeljlara)

Queda demostrado que la idiosincrasia de Favre Leuba no es la de una marca tradicional. Su evolución, desde el principio hasta la actualidad, ha estado acompañada de momentos memorables, condición que le dota de un carácter y un storytelling que ninguna campaña de marketing puede igualar. Esto incluye su labor pionera dentro de la industria, la colaboración con los grandes maestros relojeros, su resiliencia durante los conflictos internacionales y el periplo en el desierto provocado por el cuarzo, hasta llegar a su resurgir actual.

Por consiguiente, no sería oportuno caer en el pensamiento simplista de que es una marca relevante únicamente por su longevidad. Lo encomiable de su trayectoria reside en que es una de esas casas relojeras que no viven por y para las ventas, sino que, desde su origen, han sabido materializar el amor y la dedicación por una afición que han liderado de principio a fin. Actualmente, desde una posición más estable y segura, la marca se posiciona como uno de los grandes adalides del sector gracias a un ADN repleto de historia que, con toda seguridad, alumbrará su futuro.

Ismaeljlara

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Favre Leuba
Relojes suizos

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