
Casio MRG-D5000: un G-Shock de 80.000 dólares para hacer realidad un sueño
Casio ha presentado un reloj de 80.000 dólares, limitado a 20 unidades y construido con componentes de zafiro azul. Se llama MRG-D5000 y, aunque su precio pueda sonar a traición para quienes asociamos la marca con relojes buenos, resistentes y baratos, detrás de esta salvajada hay una historia que merece ser contada.
Porque la primera reacción es comprensible: ¿le ha picado a Casio la cobra de Richard Mille?
Pero, antes de sacar las antorchas, conviene conocer qué representa este reloj. Lo que tenemos aquí es la continuación de un empeño muy concreto: llevar la resistencia de G-Shock a materiales con los que, sobre el papel, no debería llevarse demasiado bien.
MR-G: cuando G-Shock se puso traje
Para entender el nuevo Casio MRG-D5000 hay que empezar por las tres letras de su referencia. Este reloj pertenece a MR-G, la línea más exclusiva de G-Shock, donde la resistencia convive con materiales, acabados y técnicas artesanales bastante alejados de los Casio que compramos por veinte euros.
Algo así como un G-Shock con traje.
Su historia nos lleva hasta Kikuo Ibe, el padre de G-Shock, y al equipo que, después del lanzamiento de la colección en 1983, quiso recuperar la emoción de enfrentarse a un reto nuevo.
Según la historia de su desarrollo, aquel proyecto comenzó de forma extraoficial, con empleados de distintos departamentos que dedicaban su tiempo libre a explorar ideas. Todavía no tenían claro qué iban a crear, pero terminaron encontrando una dirección: un reloj tan resistente como un G-Shock, construido en metal.
La idea tenía bastante más dificultad de la que parece.
La resistencia de un G-Shock depende tanto de sus materiales como de la manera en que están organizados sus componentes. Sustituir la resina por metal cambia la forma en que los impactos se transmiten al interior. No bastaba con fabricar una carcasa metálica y meter dentro el mismo reloj.
Inspirándose en los parachoques de los automóviles, el equipo desarrolló una construcción que combinaba un bisel metálico independiente, elementos amortiguadores entre el bisel y la caja y una junta para proteger el cristal.
Después de mucho trabajo, el primer MR-G llegó en 1996.
Su precio era muy superior al de un G-Shock convencional, pero la propuesta encontró su público. Desde entonces, la colección ha seguido evolucionando hasta convertirse en el escaparate de una combinación muy particular: resistencia, tecnología y artesanía japonesa.
Personalmente, me sigue gustando llamarlo «Mister G», aunque suene más a mascota de Grefusa que a reloj de lujo. La pronunciación correcta es «eme-erre-ge».
Dream Project: un G-Shock de oro macizo
El metal no era el destino final de esta historia. Kikuo Ibe quería construir un G-Shock de oro macizo que mantuviera la resistencia que había dado sentido a su creación.
Hasta el nombre del proyecto estaba a la altura de la ambición: Dream Project.
De nuevo, el problema iba mucho más allá de cambiar un material por otro. El oro no se comporta como la resina y, para proteger el módulo, había que evitar que el impacto recibido por el exterior se transmitiera directamente al interior.
La solución fue una estructura de doble caja con elementos amortiguadores de resina. Simplificándolo mucho, una especie de sándwich: oro, amortiguadores y oro. La parte exterior recibe el golpe y los elementos intermedios ayudan a absorber y repartir su energía antes de que llegue a los componentes del reloj.
El resultado fue el G-D5000-9JR, conocido como Pure Gold, del que se comercializaron 35 unidades, en referencia al 35.º aniversario de G-Shock, con un precio de alrededor de 70.000 dólares cada una.
Casio ya iba asomando la patita.
La historia continuó en 2023, con motivo del 40.º aniversario de G-Shock, cuando la marca presentó el G-D001. Otra pieza de oro, esta vez única, con un desarrollo que contó incluso con la ayuda de la inteligencia artificial.
El reloj terminó subastándose en Phillips por 400.050 dólares, destinados a The Nature Conservancy.
Como curiosidad, ninguno de estos dos proyectos se presentó dentro de la colección MR-G. El nuevo reloj de zafiro sí lo hace.
Blue Rose Project: el problema de fabricar un G-Shock de zafiro
El siguiente desafío era construir un reloj con zafiro azul. Y aquí conviene detenerse en una diferencia que suele pasar desapercibida: dureza y tenacidad no son lo mismo.
El zafiro tiene una dureza de 9 en la escala de Mohs, lo que explica su extraordinaria resistencia al rayado. Sin embargo, esa propiedad no significa que sea inmune a las fracturas.
Un material puede resistir muy bien los arañazos y, al mismo tiempo, plantear problemas cuando recibe un golpe. Una circunstancia algo incómoda si lo que se pretende fabricar es precisamente un G-Shock.
También complica su mecanizado. Los agujeros y determinados puntos de la geometría pueden concentrar tensiones y favorecer la aparición de grietas. Así que reproducir en zafiro una construcción convencional, con sus tornillos y perforaciones, no parecía el mejor camino.
El Blue Rose Project exigía replantear la estructura.
La solución estaba en la carpintería japonesa
La inspiración llegó de la carpintería tradicional japonesa, donde las piezas de madera pueden ensamblarse mediante uniones geométricas, sin recurrir a clavos o tornillos.
Sí: para fabricar un Casio de decenas de miles de dólares, parte de la respuesta estaba en unos maderos.
La aplicación al reloj parte de una idea similar: dividir la estructura exterior en varios componentes y diseñar sus encuentros para que trabajen juntos, evitando las perforaciones que podrían debilitar el zafiro.
El proceso comienza con la obtención de lingotes de zafiro sintético, cuya producción requiere meses. Después se seleccionan las secciones con el color y la transparencia adecuados y se mecanizan las distintas piezas.
Su geometría resulta fundamental. Hay que conseguir que encajen, pero también controlar cómo se reparten las fuerzas cuando el reloj recibe un impacto.
Casio denomina a esta construcción Multi-Guard Structure, adaptada específicamente al zafiro. La marca confirma que se inspira en los ensamblajes tradicionales japoneses y que prescinde de tornillos en el montaje de los componentes exteriores de caja y bisel.
El conjunto también recurre al titanio, por lo que no estamos ante un reloj hecho íntegramente de zafiro. La elección de materiales y su disposición forman parte de la solución para proteger el módulo.
Casio no ha publicado todos los detalles de fabricación, así que tampoco conviene convertir la explicación en un manual de ingeniería imaginario. Lo interesante es la idea de fondo: conseguir que un material difícil de trabajar y sensible a determinadas tensiones forme parte de una construcción resistente a los golpes.
Casio MRG-D5000: veinte unidades y una factura considerable
El resultado es el MRG-D5000, un reloj con componentes exteriores de zafiro azul, movimiento de cuarzo con alimentación solar y una producción limitada a 20 unidades para todo el mundo.
Su precio de referencia en el guion es de 80.000 dólares. Una salvajada, sí, aunque ahora al menos sabemos de dónde viene.
Hay, eso sí, una frontera que todavía no se ha cruzado: el reloj no lleva un brazalete de zafiro.
Después del metal, el oro y esta construcción, cuesta no preguntarse si esa será la siguiente obsesión del equipo. Aunque mejor no darles ideas, que bastante tenemos ya con esta factura.
Dos alternativas con zafiros y precios más terrenales
Casio también ha presentado dos modelos que trasladan parte de la propuesta a presupuestos menos extremos. «Menos extremos» es una expresión importante aquí.
El primero es el MRG-B5000SA-2, que incorpora dos zafiros azules sintéticos de dos quilates cada uno, con ocho facetas, situados en los extremos superior e inferior del bisel.
Está limitado a 500 unidades y su precio indicado es de 6.600 euros.
Es la alternativa para los pastosos que, por algún motivo, han decidido contenerse.
La segunda propuesta es el GMW-B5000SB-1A2, dentro de la familia G-Shock Full Metal. En este caso encontramos cuatro pequeños zafiros azules engastados en el bisel, dos arriba y dos abajo, cuya disposición recuerda a la de unos tornillos.
Su precio indicado es de unos 770 euros y, según la información recogida para este artículo, no se anuncia una tirada numerada.
El del populacho acomodado, por mantener una clasificación rigurosamente científica.
¿Nos ha traicionado Casio? La opinión de JC
Entiendo perfectamente que un Casio de 80.000 dólares provoque una pequeña crisis entre quienes disfrutamos comprando un F-91W por lo que cuesta una cena.
Pero conocer esta historia cambia la manera de mirar el reloj. Detrás del precio hay un desafío técnico que encaja con aquella primera obsesión de Kikuo Ibe: construir algo que parecía imposible y conseguir que resistiera.
Primero fue un G-Shock de metal. Después, uno de oro. Ahora, una estructura de zafiro azul.
Podemos discutir el precio todo lo que queramos —faltaría más—, pero el trabajo de desarrollo merece atención. A mí, al menos, me resulta mucho más interesante entender cómo han conseguido hacerlo que quedarme únicamente con la cifra.
Así que sí, Casio nos ha traicionado… pero solo un poquito. Son buena gente.

JC Justo a Tiempo
Relojes y memes es mi estilo. ¡Es hora de tomarse la relojería como algo más divertido! Creo contenido en YouTube y ahora escribo en Estrase.














