
Rolex GMT-Master. El icono de la aviación.
La historia de la relojería generalmente ha estado ligada al pragmatismo —¿qué hay más útil que saber la hora en cada momento?—. Motivo por el cual el denominado tool watch (reloj herramienta) se concibió para satisfacer las necesidades cotidianas en una industria dominada por piezas elegantes y estéticas. Entre todos ellos, Rolex ha sido uno de los grandes adalides, ya fuese con relojes diseñados para descender hasta las profundidades de la Tierra o para coronar la cima del mundo. Por ello, este artículo sobrevolará la historia del Rolex GMT-Master: un reloj que, antes de alcanzar la fama, buscó resolver una pregunta concreta: ¿qué hora es en dos lugares al mismo tiempo?
El mecenas: Pan American Airways.
Para comprender el origen del GMT-Master debemos remontarnos a los años cincuenta. En un contexto de posguerra, la aviación se democratizó progresivamente gracias a compañías como Pan American World Airways. Fundada en 1927 como un modesto servicio de correo entre Florida y Cuba, Pan Am se convirtió a mediados de siglo en la aerolínea más ambiciosa del mundo, en gran medida gracias al sueño de su fundador Juan Trippe: vivir en un planeta conectado por rutas aéreas en el que viajar entre continentes fuese algo natural.
Un deseo enormemente ambicioso, especialmente ante la complejidad que entraña la aviación de largo radio con vuelos transoceánicos. Véase el caso de la ruta Nueva York-Europa: toda una tripulación suspendida durante horas entre dos continentes, atravesando cinco o seis husos horarios en un solo día. Su cuerpo estaba en un lugar, pero su reloj marcaba otra hora. Un problema nada baladí, pues los pilotos de largo radio necesitan mantener la hora de origen para coordinar las comunicaciones y los procedimientos de vuelo, mientras consultan simultáneamente la hora local para planificar el aterrizaje, los relevos de tripulación o la gestión del combustible. Un proceso caótico para el cerebro, en el que una mala praxis puede acarrear consecuencias mortales.
Ante esa tesitura, en 1953, Pan Am contactó con Rolex con una petición concreta: necesitaban un instrumento de precisión capaz de mostrar dos husos horarios de forma simultánea. Una verdadera herramienta de trabajo que tenía que ser fácil de leer tanto en tierra como a 10.000 metros de altitud; no como un capricho estético, sino como un ejercicio de diseño que cubriese una necesidad real.
Rolex recogió el guante y creó un equipo de desarrollo junto a ingenieros de la aerolínea. Un diseño que no partió desde cero, pues tomó de referencia un modelo lanzado al mercado ese mismo año: el Submariner. Una base ideal, testada durante años y caracterizada por su robustez y fiabilidad, con caja de acero, corona roscada y resistencia al agua. Aunque era necesario dar un paso más e incorporar una complicación inédita en un reloj de pulsera de producción.
La solución resultó tan simple como elegante. Partiendo del calibre 1030, lo evolucionaron hacia el 1065 y, junto a las manecillas habituales de horas —de tipo Mercedes—, minutos y segundos, incorporaron una cuarta aguja que completaba una vuelta cada 24 horas en lugar de las 12 convencionales. Esa incorporación, combinada con un bisel giratorio graduado en escala de 24 horas, permitía al piloto leer dos zonas horarias en una sola mirada. Así nació una complicación completamente funcional: el GMT, siglas en inglés de Greenwich Mean Time (Hora Media de Greenwich), estándar internacional que sirve como referencia para calcular los distintos husos horarios del mundo.
La evolución del icono.
Referencia 6542 (1959-1980). El nacimiento del Pepsi
En 1954, Rolex presentó el primer GMT-Master, la referencia 6542. Su caja de acero medía 38 milímetros de diámetro y su corona de rosca aseguraba una resistencia al agua de 50 metros. No era el reloj más complicado del mundo —tampoco lo pretendía—, pero sí un verdadero instrumento. Adolecía, eso sí, de ciertas limitaciones: la aguja de 24 horas no podía ajustarse de forma independiente, una carencia que no se resolvería hasta 1983 con el lanzamiento del GMT-Master II.
Sin embargo, pese a toda la innovación técnica, este primer modelo contaba con un detalle que le dio la gloria: el bisel. Fabricado en baquelita —un material plástico liviano y fácil de trabajar—, destacó por su bicromía: mitad roja para las horas diurnas, mitad azul para las nocturnas. Un diseño astuto que permitía diferenciar de un vistazo el día de la noche en el marcador de 24 horas, y que le otorgó el sobrenombre de «Pepsi», en alusión a los colores de la conocida bebida. No obstante, fue duramente criticado por su fragilidad: era propenso a agrietarse y a perder luminiscencia, por lo que tan solo dos años después se reemplazó por uno de aluminio. Pese a ello, la rareza y el carácter de esos primeros ejemplares los convierten en los más codiciados por los coleccionistas, alcanzando varias decenas de miles de euros.
Referencia 1675 (1959–1980). La era dorada.
Durante más de dos décadas, la referencia 6542 aguantó impertérrita hasta que en 1959 fue relevada por la 1675. Una actualización con cambios sutiles, como la incorporación de guardas de corona —puntiagudas hasta 1964— y un aumento de caja hasta los 40 milímetros.
Sobre esa base surgió la variante apodada «Concorde», nombre que emana de los anuncios de Rolex de finales de los sesenta que celebraban el vuelo inaugural del avión supersónico. El modelo 1675/8 se desmarca del resto con su caja de oro macizo de 18 quilates, agujas tipo bastón —en lugar de las icónicas Mercedes— y los llamados «nipple dials»: índices aplicados en forma cónica con un pequeño punto de lumen en el centro, que recuerdan vagamente a su homónimo anatómico. Una forma curiosa mediante la que Rolex diferenció al modelo estándar de las variantes en metales preciosos. Su rareza y su conexión con ese hito de la aviación lo han convertido en el modelo vintage más cotizado de la familia.
Referencia 16750 (1981–1988). La gran modernización.
En 1980, Rolex presentó la referencia 16750, incorporando la función de quickset date —que permitía ajustar la fecha de forma independiente sin avanzar las agujas—, mayor resistencia al agua hasta los 100 metros y cristal de zafiro.
El momento decisivo llegó tan solo tres años después con el novísimo GMT-Master II, dotado del calibre completamente renovado 3085: tres zonas horarias, cada una ajustable de manera independiente. Un avance que incrementó ligeramente las proporciones, por lo que algunos modelos recibieron el apodo de «Fat Lady». Aunque si hablamos de sobrenombres, esta fue la época dorada: del 16760 surgieron referencias icónicas como el «Coke» o el «Root Beer».
Referencia 16700 y 16710 (1988–2007). La bifurcación.
A finales de los ochenta, Rolex tomó una decisión inusual: mantener en producción simultánea dos referencias. El GMT-Master clásico —el 16700, sin aguja independiente, disponible en acero y pensado como alternativa más económica— convivió durante más de una década con el GMT-Master II —el 16710, con todas las novedades anteriormente mencionadas—. Ambas ofrecían opciones de bisel Pepsi, Coke y negro. La premisa era clara: GMT para todos.
Referencia 116710 y 126710 (2007–2019). El presente.
En 2007, Rolex presentó el primer GMT-Master II con bisel Cerachrom cerámico —material monobloque patentado por la marca— en la referencia 116718LN en oro amarillo. Al año siguiente llegó la versión en acero, la 116710LN, con bisel negro monocromo y una característica aguja GMT en verde. Pero el momento verdaderamente histórico llegó en 2013 con la referencia 116710BLNR: el primer reloj de la historia de Rolex con un bisel cerámico bícromo —negro y azul en una sola pieza de cerámica— apodado «Batman». Un modelo muy demandado que en 2019 cedió su lugar a la referencia 126710BLNR, que incorporó el brazalete Jubilee de cinco eslabones —el primero en la línea GMT-Master II desde los años ochenta— y recibió el nombre de «Batgirl».
En 2018, el bisel Pepsi regresó al acero con la referencia 126710BLRO, acompañado del nuevo calibre 3285 con reserva de marcha de 70 horas. Una vuelta que desencadenó listas de espera interminables, hasta que en abril de 2026 la referencia fue descatalogada de forma oficial. A ella se han añadido recientemente variantes como el «Bruce Wayne» y, sobre todo, el «Sprite»: un modelo que en 2022 sentó un precedente con su corona desplazada al lado izquierdo de la caja, concebida expresamente para zurdos.
Sea como fuere, cada uno de esos apodos supone algo más que un mote simpático: es una prueba fidedigna de que el GMT-Master ha generado una comunidad tan apasionada que ha creado un lenguaje propio en torno a él. Pocas familias de relojes pueden demostrar que han calado de esa manera en el imaginario popular.
El reloj que marcó una era.
Tras su lanzamiento, Pan Am adoptó el GMT-Master como reloj oficial de sus tripulaciones y comenzó a distribuirlo entre sus pilotos, al igual que otras aerolíneas. Una asociación mutuamente beneficiosa que se convirtió en un icono cultural: entre los cincuenta y los sesenta, la aerolínea era sinónimo de modernidad, elegancia y ambición. El reloj comenzó a aparecer en muñecas ajenas a la aviación —no solo pilotos internacionales, sino también ejecutivos, diplomáticos y corresponsales—. Lo que nació para resolver un problema concreto desarrolló con el tiempo un aura propia hasta convertirse en un símbolo de estatus: su diseño robusto y funcional, con ese toque distintivo, lo convirtió en el compañero natural de todo hombre en constante tránsito.
Sin embargo, como en la propia aviación, todo lo que sube baja. En diciembre de 1991, Pan American World Airways declaró la quiebra tras décadas de dificultades financieras. La aerolínea que soñó con conectar el mundo desapareció, absorbida por otras compañías. Su legado, no obstante, sigue más vivo que nunca en la muñeca del reloj que sobrevoló el cielo.
La opinión de Ismael (@ismaeljlara)
Los relojes no solo son objetos con una finalidad práctica o estética. La historia del GMT-Master encierra también algo profundamente instructivo: no todos los iconos de la relojería alcanzan el estrellato desde la mesa de diseño o las campañas de marketing. Algunos lo consiguen de manera orgánica, satisfaciendo necesidades reales y calando en el imaginario popular hasta convertirse, sin buscarlo, en piezas de deseo para coleccionistas y especuladores del mercado gris.
Pan Am ya no vuela. Pero el GMT-Master sigue blandiendo el legado de una compañía histórica que, al igual que Rolex, suprimió los límites de lo imposible y estableció nuevos estándares en su nicho. Un modelo variopinto, con innumerables referencias a cual más codiciada, pero con una identidad que 70 años después atestigua un legado aún mayor.

Ismaeljlara
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!

















