Cartier Pasha. El reloj deportivo que desafió la elegancia clásica.

Publicado el: 28/07/2026|9 minutos de lectura|

Cuando pensamos en Cartier, nos referimos a una casa joyera y relojera que desde hace siglos se ha caracterizado por alumbrar diseños tan icónicos como elegantes. Sin embargo, como en cualquier familia, siempre existe algún miembro rebelde que intenta luchar contra lo establecido. Probablemente, esa es la mejor definición para hablar del Pasha. Un modelo musculoso, extrovertido y tremendamente deportivo destinado a resistir bajo el agua. Características diametralmente opuestas a la elegancia y el quiet luxury de la marca, motivo por el cual se ha ganado un hueco significativo dentro del catálogo de la maison.

El capricho de un pachá.

Thami El Glaoui © Wikipedia

Durante más de 100 años, Cartier ha creado modelos emblemáticos fruto de la necesidad, el azar o encargos exclusivos. Véase el caso del Santos, el Crash o el Cheich —anteriormente tratado—. Todos y cada uno de ellos entrañan una historia épica, en múltiples ocasiones ficticia, pero que le han conferido a cada pieza un aura innegable que enaltece aún más su leyenda.

La historia del Pasha se entronca dentro de esta misma línea. Nos remontamos a principios de la década de 1930, a una Marrakech gobernada por el pachá —antiguo título de alto rango equivalente a un gobernador, general o almirante— Thami El Glaoui. Una figura poderosa, extremadamente rica y cliente habitual de las grandes casas de lujo parisinas.

Según cuenta la historia, la génesis de este modelo surge como consecuencia de la necesidad y el deseo de El Glaoui. Durante una de sus sesiones de natación en la piscina de su palacio, descubrió que quería seguir disfrutando de esa afición sin tener que renunciar a portar su reloj. Por consiguiente, se puso en contacto con Louis Cartier —adalid de siluetas icónicas como el Baignoire— con el propósito de que éste satisficiese su voluntad: una pieza de oro y resistente al agua.

En la actualidad, nadie conserva esa pieza original ni existe documentación gráfica que confirme con exactitud su aspecto. No obstante, algunos expertos apuntan a que pudo tratarse de una variante hermética del célebre Tank. Lo que sí sabemos con certeza es que, en 1943, Cartier incorporó a su catálogo un reloj de pulsera redondo y hermético inspirado en aquel encargo, sentando así la semilla de lo que, más de cuarenta años después, se convertiría en el Pasha tal y como lo conocemos.

1985. Gérald Genta alumbra al Pasha.

Gérald Genta © Luxury Bazar

Boceto del Cartier Pasha © Shotebys

El Pasha no quedó en el olvido. Simplemente se mantuvo aguardando pacientemente hasta encontrar la luz. Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que Cartier retomase la idea inicial hasta convertirla en un modelo real del catálogo.

Si bien es cierto que se recicló el concepto inicial, Cartier quiso que el padre del Pasha fuese el hombre del momento, el diseñador más influyente y codiciado durante ese contexto: Gérald Genta. El mismo hombre que en 1972 firmó la base de lo que hoy entendemos como un reloj deportivo, el Audemars Piguet Royal Oak, y que en 1976 lanzó el que para muchos es el reloj más deseado del mundo, el Patek Philippe Nautilus. Dos referencias que marcaron un punto de inflexión en sendas marcas, revitalizándolas después del duro golpe que la industria sufrió como consecuencia de la crisis del cuarzo.

Cartier tenía muy claro que quería crear su propio Royal Oak o Nautilus, por lo que el encargo que Genta recibió fue claro y directo: un reloj grande, robusto y con una clara vocación deportiva sin renunciar a la elegancia que define a la maison. Presentado en 1985, la pieza emergió como un reloj que encajaba a la perfección con el espíritu deportivo, el exceso y la ostentación característicos de esa década. De esa forma, en homenaje a aquel legendario cliente marroquí, Cartier decidió bautizar su última incorporación como Pasha.

Anatomía rebelde a flote.

Cartier Pasha © Ebay

Corona © Zeitauktion

Genta revolucionó la ecuación con una caja redonda de 38 mm en oro amarillo —un tamaño considerable para la época—, alejándose deliberadamente de los óvalos y rectángulos que dominaban el catálogo de Cartier hasta entonces. Un diseño atrevido que, paradójicamente, no es lo más llamativo en favor de su reconocible corona. No por incorporar el célebre cabujón de zafiro azul, sino por su diseño atornillado y unido a la caja mediante una pequeña cadena. Un diseño que bien recuerda al sistema de una cantimplora y que, una vez retiras la tapa, puedes darle cuerda al movimiento y ajustar la hora sin sacrificar el hermetismo de la caja.

Con relación a la esfera, apuesta por una sobriedad casi extrema en aras de propiciar una mejor legibilidad. Encontramos un diseño sintético, dominado por el clásico minutero tipo ferrocarril de Cartier que, a partir del nombre de la marca encuadrado, orquesta la distribución del dial. En torno a él, encontramos números arábigos sobredimensionados a las 3, 6, 9 y 12, tremendamente finos y elegantes, pero aun así fáciles de leer ante cualquier circunstancia. Las agujas de horas y minutos adoptan el azulado tradicional de otros modelos y se acompañan de una ventana de fecha situada entre las 4 y las 5 horas. Una ubicación no tan habitual —que rompe la simetría del dial— pero que encaja a la perfección dentro de la vocación funcional de esta pieza.

Dentro de su singularidad, es de recibo mencionar algunas variantes igualmente reconocibles. Por un lado, existen versiones con y sin bisel —a priori necesario en un reloj destinado a mojarse, pero realmente lo encuentro innecesario dado el ADN de esta pieza—. Otra de las características más señeras es que algunos modelos incorporaban una rejilla protectora metálica sobre el cristal. Un detalle meramente estético pero consecuente, pues se inspira en una escafandra de submarinismo destinada a blindar la esfera ante posibles golpes e impactos. El verdadero todoterreno de Cartier.

La evolución del modelo.

Cartier Pasha con calendario © Zeitauktion

Cartier Pasha cronógrafo © CareofCarl

Cartier Pasha Tourbillon © Ineichen Auctioneers

El éxito del Pasha en las décadas de 1980 y 1990 evidenció que Genta había dado en el clavo, por lo que Cartier multiplicó sus variantes. Desde las versiones más deportivas en acero hasta las más opulentas en oro, pasando por otras más compactas como el Pasha C destinado a muñecas más finas, así como por todo tipo de complicaciones. Desde alternativas con calendario perpetuo o fase lunar, función GMT o el cronógrafo de la línea Seatimer, hasta incluso alguno con tourbillon.

En 2005, coincidiendo con el vigésimo aniversario del modelo, Cartier presentó el Pasha 42, que no solo incrementó su tamaño hasta los 42 milímetros de diámetro, sino que también incorporó el calibre 8000MC —desarrollado en exclusiva por Jaeger-LeCoultre—. No obstante, siempre ha sido un modelo de altibajos, algo que incluso le llevó a desaparecer del catálogo hasta que Cartier lo revivió en el Watches & Wonders de 2020. En este caso, con una versión completamente contemporánea, que mantiene el espíritu del diseño original de Genta pero actualizada a nivel técnico con el calibre de manufactura 1847 MC, además de otras amenidades como el sistema QuickSwitch que permite cambiar rápidamente su correa.

La opinión de Ismael (@ismaeljlara)

El Pasha es el claro ejemplo de lo que ocurre cuando una casa con un código estético tan marcado como Cartier decide, esporádicamente, salirse del guión. No es un reloj que siga la dinámica habitual, discreto y elegante, sino todo lo contrario. No obstante, un diseño consecuente que busca satisfacer las necesidades que sustentaron su razón de ser, la deportividad y el hermetismo. Todo ello creando un diseño genuino sin renunciar a la identidad y valores que han convertido a la marca en una seña de distinción mundial.

No obstante, desde un prisma actual, tengo sentimientos encontrados con esta pieza. Como se ha mencionado anteriormente, se trata de un modelo que ha sufrido altibajos durante su historia, lo cual evidencia que no ha calado entre los posibles compradores como sí lo hace el Santos o el Tank. De hecho, la propia Cartier ha revivido en 2026 un modelo que canibaliza directamente contra el Pasha, el Roadster. Con una vocación también deportiva, siento que sigue mejor los cánones de la marca dentro de su vertiente deportiva. Con ello nos queda que el Pasha es una rara avis. Un modelo que surgió de un encargo muy concreto pero que se ha ganado el estatus de piezas como el Cheich. No obstante, sí que considero que es una pieza digna de colección, con una personalidad muy marcada que materializa el resultado de la colaboración entre el diseñador de relojes más trascendente con una de las casas más icónicas de la historia.

Ismaeljlara

«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!

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