
Relojes de cerámica. ¿Es la mejor alternativa al acero?
Si hay una palabra que define a la relojería, es diversidad. No solo por la ingente cantidad de marcas o modelos, ni tampoco por sus complicaciones mecánicas, sino, en este caso, por la variedad de materiales. Si bien es cierto que históricamente ha existido un triunvirato formado por el acero, el oro y el platino, en los últimos años la industria está virando hacia otras alternativas más eficientes. Ese es el caso de la cerámica, un material poco convencional que promete algo que ningún metal ha podido garantizar: ofrecer una superficie inmune al paso del tiempo. Por consiguiente, este artículo profundizará en su origen, su proceso de fabricación y el porqué de su actual popularidad entre las marcas más prestigiosas.
De la biomedicina a tu muñeca. Los primeros relojes de cerámica.
Antes de profundizar en el tema, maticemos un concepto. Probablemente hayas asociado este material con la cerámica cotidiana, como la vajilla de casa. Pero nada más lejos de la realidad, pues en este caso hablamos de cerámica técnica u óxido de circonio (zirconia). Un material completamente distinto, tanto en su composición y características como en su finalidad. Proveniente de sectores como la ingeniería o la biomedicina, su desarrollo responde a la necesidad de una resistencia extrema: desde prótesis médicas o componentes de motores hasta piezas aeroespaciales y, ahora, relojes.
Su llegada al mundo relojero fue completamente premeditada, para nada casual. El objetivo era crear un material que no se rayase, no perdiera brillo y resultase agradable sobre la piel. El primer paso, aunque de forma indirecta, lo dio Rado en 1962 con el DiaStar durante la Feria del Reloj de Basilea (Suiza). El modelo fue publicitado como el primer reloj «a prueba de rayones» de la historia, gracias a su caja de carburo de tungsteno. Un modelo que técnicamente no era de cerámica, pero que instauró la obsesión por la dureza y la resistencia que impera en la actualidad.
No obstante, a partir de ese momento, la historia se bifurca cuando otras marcas intentaron erigirse como adalides de la cerámica. En 1985, IWC lanzó el Da Vinci Perpetual Calendar, la primera pieza de la historia con una caja fabricada íntegramente en cerámica real (óxido de circonio). Sin embargo, tan solo un año después, Rado presentó el Integral, iniciando la producción en serie de relojes de cerámica a escala industrial, algo que ninguna otra marca había hecho hasta entonces. El capítulo definitivo llegó en 1990, cuando Rado evolucionó el modelo con el Ceramica: el primer reloj del mundo con caja, brazalete y corona fabricados íntegramente en cerámica de alta tecnología, sin ningún componente metálico visible.
Con todo ello, deducimos una historia tan compleja como controvertida. Para muchos, el IWC Da Vinci Perpetual Calendar es el primer reloj de cerámica gracias a su caja de óxido de circonio, aunque el hecho de que algunos elementos —como los pulsadores— sean metálicos suscita una fuerte polémica. Por consiguiente, si bien es cierto que puede generar asperezas, creo que podemos concluir que Rado ha sido la marca líder en este ámbito, la que realmente ha impulsado la implementación de este material de forma pionera hasta lograr un diseño íntegro y perfectamente reconocible.
Del polvo al zafiro. Así se fabrica un reloj de cerámica.
Fabricar una caja de cerámica es un proceso considerablemente más largo, costoso y delicado que mecanizar una pieza de acero, lo cual explica por qué tardó tanto en popularizarse.
Todo arranca con un polvo de óxido de circonio —o alúmina, según el compuesto que se busque— que se mezcla con aglutinantes y se compacta a alta presión dentro de un molde. Como resultado se obtiene una pieza «en bruto» notablemente más grande que la pieza final, ya que el material se contrae durante la cocción. Esa pieza pasa después por un proceso de sinterización: se hornea a temperaturas que pueden superar los 1.400-1.600 grados centígrados, lo que fusiona las partículas del polvo y confiere al material su extrema dureza. También cabe mencionar que algunas manufacturas van un paso más allá añadiendo un tratamiento de prensado isostático en caliente (HIP), que elimina microporos internos y aumenta todavía más su densidad y resistencia.
El resultado es una pieza extraordinariamente dura —a menudo comparada con el zafiro en la escala de dureza Mohs—, lo cual tiene una contrapartida evidente: ya no puede mecanizarse con herramientas convencionales. A partir de aquí, cualquier ajuste, pulido o perforación debe realizarse con herramientas de diamante, el único material capaz de trabajar sobre una superficie tan resistente. Ese es, precisamente, el motivo por el que un reloj de cerámica suele costar más que su equivalente en acero: no es el material en bruto lo que encarece el producto, sino el tiempo, la maquinaria y el desgaste de las herramientas que exige trabajarlo.
Pros y contras de la cerámica. ¿Es realmente tan buena?
Como se ha mencionado anteriormente, el uso de la cerámica es fruto de una necesidad heredada de otros sectores. La elección de este material frente a otros responde a la voluntad de satisfacer ciertas necesidades que, según el precio final, solo el consumidor puede determinar si realmente merecen la pena.
Si únicamente nos circunscribimos al apartado positivo, la cerámica realmente ofrece características muy por encima de otros materiales, más allá del marketing. De forma sintética, su mayor virtud es la resistencia. A diferencia de materiales como el acero o el oro, una caja o bisel de cerámica resiste mucho mejor los arañazos y la corrosión. Su dureza y su falta de reacción al agua salada o al sudor la convierten en una alternativa excelente para relojes deportivos. Una solución que preserva el estado del reloj, pues, a diferencia de un revestimiento en PVD, la cerámica es maciza: no se descascarilla ni pierde el tono con el paso de los años. A eso hay que sumarle su ligereza —resulta menos densa que el acero— y su cualidad hipoalergénica, ideal para pieles sensibles al no contener níquel ni otros metales. En definitiva, cualidades que la convierten en un material realmente placentero de llevar en la muñeca.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. En primer lugar, hay que aclarar el concepto de resistencia. Si bien es cierto que soporta muy bien los arañazos, es altamente vulnerable a los impactos. Mientras el acero se abolla, la cerámica puede astillarse o fracturarse ante un golpe seco o contundente. En esa tesitura, la reparación es tan complicada como costosa. La aparición de una grieta no se puede solucionar con un simple pulido, sino que requiere sustituir la pieza entera. Una sustitución con un precio elevado, que debe sumarse a un proceso de fabricación ya de por sí costoso, por el descarte de piezas imperfectas y por el uso de herramientas de diamante.
Iconos en cerámica. ¿Realmente es un material popular?
Más allá de los pioneros ya mencionados —el IWC Da Vinci Perpetual Calendar y el Rado Ceramica—, otras piezas han contribuido a consolidar la cerámica como un material de referencia dentro de la alta relojería.
Es el caso del Chanel J12. Un reloj que desde 2000 ha popularizado la cerámica lejos del círculo relojero, adentrándose en el terreno de la moda y el lujo unisex con su caja negra o blanca. Algo similar a lo que Omega logró con la caja y el bisel de su Speedmaster «Dark Side of the Moon»: una declaración de intenciones de hasta dónde se puede impulsar este material, con una estética imponente, todo sea dicho.
Aunque si hablamos de alcance, hay que mencionar a Richard Mille y, especialmente, a Hublot. La manufactura suiza ha trabajado la cerámica como pocas —véase su innovadora Magic Gold— implementándola en modelos muy coloridos como el Big Bang, hasta convertirse en uno de los grandes referentes de este material.
En menor medida, marcas populares como Rolex también mantienen un vínculo estrecho con este material a través del Cerachrom. Presentado en 2005 sobre el bisel del GMT-Master II, es un compuesto patentado por la marca que resolvió el histórico problema de decoloración que sufrían los biseles de aluminio bajo el sol, revolucionando el segmento de los relojes herramienta.
La opinión de Ismael (@ismaeljlara)
Tras repasar toda su trayectoria, podemos concluir que la cerámica representa un ejemplo perfecto de cómo la relojería moderna se mimetiza con otras industrias para resolver un problema tan universal como el desgaste del paso del tiempo. No deja de resultarme curioso que un material nacido para prótesis médicas termine siendo sinónimo de lujo y sofisticación en la muñeca.
Sin embargo, no la considero un sustituto del acero o del oro, pues tiene una personalidad y unas virtudes propias, pensadas para necesidades muy específicas. Para aquel que priorice mantener el brillo original de su pieza sin tener que pulirla constantemente, puede ser una buena alternativa. Pero, por otro lado, creo que aún le queda mucho para imponerse a la versatilidad del acero o a la opulencia del oro. Aunque, todo sea dicho, como buenos apasionados de esta afición, cualquier colección que se precie necesita una pieza de cerámica.

Ismaeljlara
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!






















