Ulysse Nardin Astrolabium. Por qué miniaturizar el cielo en tu muñeca.

Publicado el: 03/08/2026|9 minutos de lectura|

La concepción del reloj herramienta ha calado en la sociedad como una variante dispuesta a cubrir necesidades concretas del día a día. Desde sumergirse en las profundidades hasta cronometrar el tiempo en un circuito de carreras. Sin embargo, esas necesidades son relativamente recientes, pues en la Edad Media resultaba crucial conocer la posición del cielo en cada momento. En ese contexto, el astrolabio vino a satisfacer el deseo de unos navegantes y astrónomos que aún debían esperar siglos para descubrir las virtudes del GPS. Sin embargo, ¿tiene sentido miniaturizar este instrumento en un reloj? Ulysse Nardin despejó la incógnita en 1985 con su Astrolabium Galileo Galilei, un reloj que pone el cielo en tu muñeca.

El astrolabio. El GPS medieval.

Astrolabio © Wikipedia

Antes de hacer un breve repaso sobre el astrolabio, conviene aclarar un matiz. Su creación no surge en la Edad Media, si bien es cierto que fue la época con la que más se le asocia. Sus raíces se remontan a la Grecia helenística, en el siglo II a.C., donde surgió el término astrolabos, «el que toma las estrellas». En ese contexto, astrónomos como Hiparco de Nicea sentaron las bases de la proyección estereográfica. Dicho de otra manera, una técnica que permite representar la esfera celeste en un disco plano: la base geométrica del astrolabio.

Sobre esa base, el mundo islámico medieval impulsó el desarrollo y difusión del astrolabio entre los siglos VIII y XIII. Desde Bagdad hasta Córdoba, astrónomos de distintas cortes y califatos lo perfeccionaron hasta convertirlo en una verdadera herramienta de cálculo portátil. No solo para determinar la hora exacta, tanto diurna como nocturna, sino también para calcular la dirección exacta de La Meca para la oración, establecer las fechas del calendario religioso, elaborar horóscopos y, por supuesto, orientarse en el mar. Su longeva presencia en al-Ándalus difundió el astrolabio por toda la Europa cristiana, adoptándolo como herramienta elemental para la enseñanza astronómica y la navegación.

Su funcionamiento es más sencillo de lo que parece. Tiene un disco móvil, conocido como araña, con las estrellas más brillantes marcadas. Ese disco gira sobre una placa fija con la latitud del observador y una red de líneas que marcan la altura de los astros sobre el horizonte. Alineando la araña con la fecha y midiendo la altura del sol o una estrella con la regla trasera, se podía leer la hora, saber cuándo saldría o se pondría el sol, ubicar las estaciones e incluso anticipar eclipses.

Y aquí está la clave de la relación del astrolabio con la relojería. A diferencia de un reloj moderno, el astrolabio no leía la hora de forma abstracta, con un sistema de engranajes. Lo hacía mirando directamente el cielo, interpretando la posición de las estrellas. Por consiguiente, debemos considerar al astrolabio como un antecesor directo y un eslabón más dentro de la cadena evolutiva del reloj que conocemos actualmente.

Astrónomo usando un astrolabio © MeisterDrucke

Funcionamiento de un astrolabio © La Plazuela

Ulysse Nardin Astrolabium. La miniaturización de lo imposible.

Trilogía del tiempo © Ulysse Nardin

Casi mil años después de que el astrolabio alcanzara su madurez técnica, llegamos al tema que nos atañe. En la Feria de Basilea de 1985, el relojero suizo Ludwig Oechslin presentó algo que nadie había visto antes: un astrolabio funcional, mecánico, completo, comprimido dentro de la caja de un reloj de pulsera. Con esa primicia nacía el Ulysse Nardin Astrolabium Galileo Galilei, el primer capítulo de lo que posteriormente se conocería como la Trilogía del Tiempo de la manufactura —una serie que completarían más tarde el Planetarium Copernicus (1988) y el Tellurium Johannes Kepler (1992)—.

Sin embargo, cabe aclarar que Oechslin no partió de cero: se inspiró en los relojes astronómicos de sobremesa del siglo XVII —véase el célebre reloj Farnesio— para entender cómo trasladar ese mecanismo a una escala mucho menor. El resultado fue, para muchos, el reloj de pulsera más complicado jamás fabricado hasta ese momento. Algo que podría sonar a exageración, pero que incluso el Libro Guinness de los Récords certificó como tal.

A nivel técnico, Oechslin volcó toda esa filosofía hasta desarrollar un calibre automático que evolucionó a lo largo de la producción del modelo (91-3, UN-90, UN-99, entre otras designaciones según la época y la referencia). Más allá de sus 33 rubíes y de una reserva de marcha de 42 horas, destaca por la diversidad de complicaciones, todas gestionadas desde una única corona de rosca, sin pulsadores auxiliares. Entre ellas, destacan la posición del sol, la luna y las estrellas fijas en el cielo vistas desde la Tierra, la salida y puesta de ambos astros, el amanecer y el anochecer civiles, las fases y el orto/ocaso lunar, los eclipses solares y lunares, el signo del zodíaco, la ecuación del tiempo, el calendario y el día de la semana. Todo ello se lee sobre un planisferio fijo de coordenadas celestes, bajo una araña giratoria transparente con las estrellas más brillantes señaladas y la eclíptica marcada en oro, además de un anillo calendario que traza el recorrido anual del sol frente al fondo estelar.

Tal es el nivel de precisión y perfección que la marca declara un margen de error de un solo día cada 144.000 años. Un dato muy por encima de lo que exige cualquier uso práctico, no digamos de lo que vamos a vivir cada uno de nosotros. Un derroche técnico que no responde a una necesidad real, sino que se erige como toda una declaración de intenciones de lo que es capaz de hacer la relojería mecánica.

Movimiento © Watch Pro Site

Ulysse Nardin Astrolabium Galileo Galilei © Sothebys

Dial © Italian Watch Spotter

¿Tiene sentido miniaturizar un astrolabio en un reloj?

Astrolabium Galileo Galilei © Ulysse Nardin

Aquí conviene ser tan racional como honesto. Si nos ceñimos a un criterio puramente utilitario, la respuesta es no. En pleno 2026, nadie necesita un astrolabio para orientarse, calcular una fecha religiosa o predecir un eclipse. Ojo, no me refiero a que carezca de sentido dentro de un reloj, sino en general. Existen multitud de herramientas e incluso apps que resuelven el mismo problema en una fracción de segundo y sin margen de error. En lo que a relojes y tiempo se refiere, tal y como se ha explicado anteriormente, leer la hora con exactitud ayudándose de un astrolabio requiere un entrenamiento que, a día de hoy, carece de sentido.

Crucemos esta incógnita hasta llegar a la otra orilla. Aquella que interpone otros criterios por encima de la utilidad pura. El Astrolabium no es solo un reloj que da la hora con adornos: va mucho más allá. Sintetizar más de mil años de innovación relojera en un dial es un verdadero ejercicio de ingeniería mecánica prodigiosa. Aunque no es solo eso, sino que desde un punto de vista histórico o antropológico, representa una huella clave en nuestro pasado que nos ha permitido llegar a lo que somos actualmente.

Por consiguiente, a modo de resumen, la miniaturización de un astrolabio desde el punto de vista de la alta relojería alude más a lo conmemorativo que a lo útil. Una expresión pura del conocimiento humano materializado en un objeto que combina pasado, presente y probablemente futuro.

La opinión de Ismael (@ismaeljlara)

Creo que no queda lugar a dudas de que el Ulysse Nardin Astrolabium representa todo un hito de la relojería moderna. Si bien lo que más puede llegar a fascinar es su complejidad técnica, algo innegable y merecido, creo que su verdadero valor es otro. En plena década de los 80, en un momento en el que la relojería mecánica parecía haber perdido la utilidad frente al cuarzo, Ulysse Nardin decidió retroceder al pasado para conseguir el efecto contrario: demostrar que, por mucho que la tecnología avance, el valor detrás de la ingeniería mecánica siempre se impondrá ante cualquier píxel o chip del mercado.

Y es que hay algo profundamente humano dentro de ese impulso. No nos conformamos con medir el tiempo, queremos entender de dónde viene. Algo que no se queda en lo puramente funcional, sino que conecta con las grandes preguntas existenciales que han movido a la humanidad desde hace miles de años. El astrolabio nació para leer el cielo, pero el Astrolabium nace para recordarnos que, bajo toda la ingeniería moderna, la relojería permanece como un intento de comprimir el universo en la palma de tu mano.

Especificaciones Técnicas

Marca:  Ulysse Nardin
Modelo:  Astrolabium Galileo Galilei (colección Classico Trilogy)
Referencia:  999-70
Caja:  Platino 950, bisel fijo con numeración arábiga, fondo de caja abierto (visto)
Medidas:  41 milímetros de diámetro
Dial:  Esfera astronómica compleja (planisferio, calendario perpetuo, fases lunares, orto y ocaso solar y lunar, eclipses de sol y luna, signos del zodiaco, día de la semana)
Cristal:  Zafiro
Trasera:  Abierta, permite ver el calibre UN-99
Movimiento:  Calibre UN-99, cuerda automática, 33 rubíes, diámetro del movimiento 31,8 mm, precisión de un día de error cada 144.000 años.
Brazalete:  Correa de piel de aligátor negra, hebilla de espiga
Precio:  151.990 € (aprox.)

Ismaeljlara

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