
Hamilton Khaki Field. Mi compañero en 2025 | Ismael (itscrownguard)
Existen relojes que se llevan en ocasiones concretas o especiales —una boda, un viaje o una actividad determinada—. Sin embargo, hay otros que, sin saber muy bien cómo ni por qué, acaban convirtiéndose en una extensión de tu cuerpo en el día a día. En mi caso, ese reloj es el Hamilton Khaki Field Mechanical (ref. H69439931). El reloj que más he usado en 2025, pero también en 2023 y 2024, y probablemente en los años venideros.
Si quieres comprobar lo que supone rotar entre varios relojes increíbles durante un año, te recomiendo visitar los artículos de mis compañeros Alex y Jorge. Si, por el contrario, buscas una historia de fidelidad —casi obsesión—, quédate, porque te explico —desde mi experiencia personal— los motivos por los que uso el Khaki Field a diario, mientras mi Tissot o mi Seiko aguardan pacientemente su turno.
El origen del Khaki Field. Nacido para servir.

© Hamilton.com
Para que puedas empatizar y comprender mi situación, es necesario conocer el origen del Khaki Field. Nos trasladamos a la Segunda Guerra Mundial, un contexto complejo en el que la economía de guerra condicionó incluso la fabricación de relojes. Marcas como Hamilton —junto a otras como IWC, Omega o Longines— reorientaron su producción hacia relojes militares, convirtiéndose en proveedores oficiales del ejército estadounidense.
La premisa era clara: ser funcional. El reloj no buscaba impresionar ni convertirse en el centro de atención, por lo que prescindía de cualquier floritura o elemento superfluo. Todo lo contrario: se concibió para servir y funcionar, apostando por una estética sencilla y discreta, una construcción robusta y un único mantra: garantizar una excelente legibilidad en cualquier situación.
Tras el final de la guerra, Swatch Group adquirió la compañía entre las décadas de los setenta y los ochenta. Si bien el Khaki Field no se reeditó de forma idéntica, el modelo actual es un homenaje coherente, que reinterpreta el diseño original manteniendo su esencia, pero adaptándolo a las necesidades contemporáneas.
No seas modesto, no te escondas.
Volvamos al presente y a mi experiencia personal, y a los motivos por los que el Khaki Field se ha convertido en mi compañero inseparable. En primer lugar, es un reloj que no molesta.
A nivel físico, su caja pesa apenas 60 gramos si optas por una correa de cuero o tipo NATO en lugar del brazalete de acero. Sus 38 milímetros de diámetro y, sobre todo, su grosor de solo 9,5 milímetros, lo convierten en un reloj ligero y cómodo, especialmente para muñecas finas —como es mi caso—.
Tampoco molesta a nivel mental, si es que eso tiene algún sentido. Su acabado sandblasted —una terminación de la caja mediante proyección de partículas abrasivas que le otorgan ese aspecto mate y texturizado— elimina cualquier tipo de brillo o reflejo. Originalmente era una función práctica y estratégica, pensada para evitar destellos que delatasen la posición de los soldados en el campo de batalla.
Afortunadamente, yo no tengo que esconderme, pero agradezco enormemente ese componente de discreción, que me libra de miradas ajenas… y, sobre todo, de la mía propia. Porque seamos honestos: todos perdemos demasiado tiempo observando los reflejos y juegos de luces que generan los acabados pulidos de nuestros relojes.
Adoro mi Tissot PRX de 40 milímetros, pero en este aspecto es su antítesis. A nivel físico pesa más del doble —unos 130 gramos—, consecuencia de su mayor diámetro y, especialmente, de su brazalete integrado. Eso evidencia su presencia en muñeca, con todo lo positivo y negativo que conlleva. Además, tiene ese efecto flashy —derivado de sus acabados y aristas—, tan elegante como llamativo, pero no siempre bien recibido.
Soldado, tiene una misión: dar la hora
Como aficionado a la relojería, admiro la complicación de calendario anual y calendario perpetuo, motivo por el que ocasionalmente alterno el Hamilton con un Seiko vintage (ref. 7F38-7030). Un reloj precioso que le aporta el toque distinto a cualquier look. Sin embargo, su diámetro de 34 milímetros, disposición de las subesferas y el tamaño reducido de agujas e índices abruman y dificultan su lectura.
De nuevo, estamos en las antípodas del Khaki Field. Su esfera presenta un aspecto sobrio, con un dial negro texturizado que contrasta con los números arábigos blancos y el logotipo de la marca. La tipografía redondeada combina las horas en formato AM y PM (ante meridiem y post meridiem), acompañadas de una discreta carga de lumen en forma triangular.
Las agujas de horas y minutos incorporan también luminiscencia en un tono beige, que replica artificialmente la pátina —esa capa superficial deteriorada por el paso del tiempo o el uso—. Un detalle que a mí me encanta por su aire vintage, aunque para otros sea motivo de debate aparte.
El resultado es claro: el Khaki Field cumple su misión de dar la hora en cualquier situación y momento del día, de forma rápida, clara e instantánea. No hay nada superfluo ni accesorio; el diseño nace desde la sencillez y la practicidad. Para algunos puede resultar aburrido, pero tiene una gran ventaja: no satura visualmente. Da igual si miras la hora diez o mil veces al día, nunca cansa.
Amor y odio. Nuestra relación estrecha
He insistido en varias ocasiones en que el mantra de este reloj es la funcionalidad, pero llega el momento de los reproches. En su interior late el calibre H-50, un movimiento de cuerda manual derivado del ETA 2801-2. Cuenta con una notable reserva de marcha de 80 horas, algo muy agradecido si rotas con otras piezas —aunque yo no lo haga demasiado—.
El inconveniente es evidente: para disfrutar de esa reserva hay que darle cuerda manualmente, y eso tiene sus luces y sombras. Por un lado, resulta romántico sentarse unos segundos y girar la corona serigrafiada hasta su tope. Un pequeño ritual que refuerza el vínculo con el reloj, ya que, en cierto modo, su vida depende de ti. Un auténtico Tamagotchi en la muñeca.
Pero no todo es idílico. Ese momento íntimo puede convertirse en una carga. Algunos días te levantas con prisas y, créeme, lo último que deseas es darle cuerda a contrarreloj camino del trabajo. En una de esas situaciones acabé excediendo el tope y partí la cuerda, una “gracia” que me supuso una reparación de 140 euros, nada despreciable.
Como consejo personal, piénsate bien para qué y cuándo lo vas a usar. Si buscas una opción para diario sin preocupaciones, probablemente te recomendaría la versión de cuarzo (ref. H69401930) o la automática (ref. H70455533).
En una palabra: polivalente
Como habrás comprobado, se trata de una pieza que conozco bien, ya que me ha acompañado durante los últimos tres años —y lo que queda—. Gran parte de ello se debe a que es un auténtico strap monster, un reloj que luce espectacular con prácticamente cualquier correa.
En el día a día utilizo una sencilla correa de cuero marrón, pero en ocasiones especiales me gusta vestirlo con piel negra efecto cocodrilo. En verano, lo ruguerizo con correas NATO o de nylon, más resistentes a arañazos y salpicaduras.
Por todo ello puedo afirmar que sí, es mi reloj de diario. Lo llevo al trabajo, cuando hago recados, quedo con amigos, salgo a la naturaleza… A veces es una elección consciente; otras, simplemente me lo pongo sin pensar. De forma casi imperceptible, se ha convertido en una extensión de mi cuerpo.
Y no lo considero algo negativo. Lo advertí al principio: este no es un artículo sobre rotación de relojes, sino sobre una experiencia personal que me acompaña y que, en cierta forma, me define: sencillo, discreto y con aprecio por la calidad.
Las personas de mi entorno lo saben: probablemente me verán con este reloj cuando quedemos. Les sorprenderá no hacerlo. Se ha convertido en un rasgo que me define, no solo que me complementa.
La opinión de Ismael (@itscrownguard)
Mi colección de relojes aún está incompleta. Poco a poco intento cubrir ciertos vacíos con piezas que me gustan, como el Tissot o el Seiko mencionados. Sin embargo, tengo la certeza de que el Hamilton Khaki Field Mechanical no es solo un reloj polivalente que cubre mis necesidades diarias, sino un rasgo personal que me ha acompañado en las duras y en las maduras.
Por ello, no solo es mi reloj de 2025, sino también del pasado y, sin duda, del futuro. Una certeza que demuestra que, por muchas piezas que entren o salgan de mi colección, el Khaki Field siempre será mi elección predilecta. Ese componente personal es algo que el dinero jamás podrá comprar: una relación que se forja a diario durante años y que crea un vínculo permanente e indivisible.
Especificaciones Técnicas

Ismael (@itscrownguard)
«El conocimiento es la única riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Entre la historia, el arte y la pasión relojera. ¡Ahora en Estrase!






